Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 1 a. Semana – Ciclo C

Convertíos y creed en el Evangelio“Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea…. Jesús predicaba diciendo: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”. (Mt 4,12-17.23-25)

Ayer, eran los Magos quienes buscaban a Jesús.
Hoy es Jesús quien busca a los hombres.
Los Magos vienen del Oriente pagano.
Jesús comienza también por las afueras paganas.
Comienza lejos del Templo, su Galilea, concretamente en Carfanaúm “tierra y sombras de muerte”.
Comienza por lo que dice el Papa Francisco, citando y comentando a Juan Pablo II: “es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio” a los que están alejados de Cristo, “porque esta es la tarea primordial de la Iglesia”. (GV n 15)
Y cita a los Obispos Latinoamericanos: “hace falta pasar de “una pastoral de conservación a una pastoral decididamente misionera”. (id)

Tenemos la idea de que somos los hombres quienes buscamos a Dios.
Sin embargo, antes es Dios quien busca primero a los hombres.
Dios no es de los que nos espera sentado.
Los Magos se ponen en camino buscando a Jesús.
Ahora es Jesús el que primero se pone en camino para revelarse y anunciarnos la Buena Noticia, precisamente “a los que habitaban en tierra y sobra de muerte, les brilló una gran luz”.

Juan corre la suerte de los profetas. Es arrestado.
Y encerrado en la oscuridad de la cárcel.
Los discípulos de Juan anuncian la triste noticia de su maestro.
Jesús comienza a anunciar la Buena Noticia:
La invitación a la conversión.
El anuncio de que Dios ya está cerca y entre nosotros.
Y que el Reino de los cielos está ya aquí.
Juan había anunciado al que estaba viniendo.
Jesús anuncia al que ya está en medio de nosotros.
Juan anunciaba prepararnos.
Jesús anuncia que ya es la hora del cambio, de dar el paso.

Jesús comienza dándonos la alegre noticia:
De que podemos cambiar.
De que no tenemos que ser lo somos.
De que somos capaces de ser diferentes.
De que lo viejo no tiene que ser nuestra condición para siempre.
De que estamos llamados a ser también nosotros nuevos.
De que ya no es necesario andar buscando a Dios.
Sino que es Dios el que ya está a nuestro lado invitándonos.

Cuando hablamos de conversión:
Muchos ya se imaginan lo peor.
Muchos ya están pensando en que la fiesta de la vida se queda sin vino.
Muchos ya están pensando en qué cosas tendrán que dejar y hacer ahora.
Cuando en realidad el anuncio de la conversión es la mejor noticia que puedan darnos.
No es tanto una invitación a “hacer cosas”.
Es una invitación a “ser nosotros mismos diferentes, nuevos”.
Es una invitación a un corazón nuevo.
Es una invitación a una mente nueva.
Es una invitación a una vida nueva.
Es una invitación a un mundo nuevo.
Es una invitación a unos hombres nuevos.
Es una invitación a unas relaciones humanas nuevas.

Hoy vivimos la cultura del cambio.
Hoy vivimos la cultura del estreno.
Hoy vivimos la cultura de la novedad.

Por tanto:
No debiera llamarnos la atención la invitación a la conversión.
Porque los verdaderos cambios no son los periféricos.
Porque los verdaderos cambios son los radicales.
Porque los verdaderos cambios no están en que los hombres se pongan aretes.
Sino que cambien su ser entero.
Porque los verdaderos cambios no están en el peinado ni el vestido.
Sino en el cambio de ser.

¿Por qué no vivir la cultura de la conversión?
¿Por qué no vivir la cultura del estreno del hombre nuevo?
¿Por qué no vivir la cultura del estreno de un mundo nuevo?
¿Por qué no vivir la cultura del estreno del Reino de los cielos?

Clemente Sobrado C. P.

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