Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 2 a. Semana – Ciclo C

“Y a ellos les preguntó; “¿Qué está permitido en sábado? ¿hacer lo bueno o lo malo? ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?” Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: “extiende el brazo” Lo extendió y quedó restablecido. Y cuando salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él”. (Mc 3,1-6)

Sigue Jesús tratando de enseñarnos el camino de la verdadera religión.
El camino que lleva a Dios pasa siempre por el hombre.
El hombre se hace sacramento de Dios.
El hombre se hace camino para llegar a Dios.

Es posible que la mayoría de nosotros cuando queremos encontrarnos con Dios pensemos en irnos un rato a la Iglesia.
¿A alguien se le ocurriría salir a la calle a mirar a la gente?
¿A alguien se le ocurriría subirse al piso de arriba a visitar a un anciano que está solo?
¿A alguien se le ocurriría irse a un Hospital a visitar a los enfermos?
¿A alguien se le ocurriría irse a un barrio marginal a charlar y ayudar a la gente?

No sé dónde lo leí. Pero me gustó:
Un párroco que algo entendía de Evangelio, cerró la puerta de la Parroquia y pegó un gran papel diciendo: “Disculpen, por favor, estoy fuera. Jesús”.
La bronca le cayó al curita, porque las beatas de la parroquia pensaron que era una mala broma del cura. Y lo peor es que ellas ese día no podían encontrarse con Jesús.

¿Escuchamos lo que el Papa Francisco les dijo a los 20 nuevos Cardenales y que nos clarifica lo que es la verdadera religión?

“Queridos hermanos, os exhorto a servir a la Iglesia en modo tal que los cristianos (edificados por nuestro testimonio) no tengan la tentación de estar con Jesús sin querer estar con los marginados, aislándose en una casta que nada tiene de auténticamente eclesial.
Os invito a servir a Jesús crucificado en toda persona marginada por el motivo que sea;
a ver al Señor en cada persona excluida que tiene hambre, que tiene sed, que está desnuda;
al Señor que está también en aquellos que han perdido la fe o que, alejados, no viven la propia fe; que se han declarado ateos (esa frase la improvisó);
al Señor que está en la cárcel, que está enfermo, que no tiene trabajo, que es perseguido;
al Señor que está leproso (de cuerpo o de alma) que está discriminado: no descubrimos al Señor si no acogemos auténticamente al marginado.
Recordemos siempre la imagen de San Francisco, que no tuvo miedo de abrazar al leproso y de acoger a aquellos que sufren cualquier tipo de marginación. Sobre el Evangelio de los marginados se descubre y se revela nuestra credibilidad”.

Los que estaban en la sinagoga posiblemente escucharon con mucha atención la lectura del libro de la Ley.
Pero solo Jesús se fijó en que “allí había un hombre con parálisis en un brazo”.
Al darse cuenta, todos se pusieron “al acecho para ver si curaba en sábado”.

Jesús se olvidó que estaba dentro de la sinagoga y que era sábado.
Y curó al que tenía parálisis en su brazo.
Fariseos y herodianos, como las beatas de la parroquia, se calentaron.
Y “se pusieron a planear cómo acabar con él”.

Todavía no sé explicarme.
Me encanta un Jesús capaz de retar a los “buenos”.
Me encanta un Jesús capaz de retar a la religión de la ley.
Me encanta un Jesús capaz de dar cara por el hombre.
O incluso corre el peligro de que terminen “acabando con él”.

Lo que no logro entender es:
A quienes dicen que Dios es enemigo del hombre.
A quienes dicen que la religión atenta contra el hombre.
A quienes dicen que la religión recorta y limita la estatura y dignidad del hombre.

Una religión que no nos hace libres no puede ser la religión de Dios.
Una religión que no nos deja pensar no es la religión de Dios.
Una religión que está al “acecho de lo que decimos o hacemos” ¿será la religión que Dios nos anunció en Jesús?
Una religión de la autoridad de la ley ¿será la religión que vivió Jesús?
Yo seguiré prefiriendo:
La religión cuyo primer mandamiento es amar a Dios de todo corazón.
La religión cuyo segundo mandamiento es igual al primero: amar al prójimo como El lo ama. Por más que “planeen acabar conmigo”.

Clemente Sobrado C. P.

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