Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 3 – Ciclo C

“En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan”. (Lc 1,1-4; 4,14-21)

Con frecuencia se dice en el Evangelio que Jesús “era empujado por el Espíritu”, “llevado por el Espíritu”, “con la fuerza del Espíritu”.
Lo cual nos está diciendo que:
Jesús no actuaba por cuenta propia.
Jesús no actuaba según sus gustos y preferencias.
Jesús no actuaba según sus intereses personales.
Jesús no actuaba según sus criterios personales.
Sino:
Movido por el Espíritu de Dios.
Movido por los planes de Dios.
Movido por los intereses de Dios.
Movido por un dinamismo interior del Espíritu.

La pregunta resulta clara:
¿Cuál es el espíritu que nos mueve a nosotros hoy?
¿Cuáles son los espíritus que nos mueven a nosotros hoy?
¿Cuáles son las razones que nos mueven a nosotros hoy?
¿Cuáles son los dinamismos que nos mueven a nosotros hoy?

No olvidemos que también nosotros, desde el Bautismo, llevamos dentro al Espíritu Santo, no como algo estático sino como el nuevo dinamismo que ha de movernos en nuestras vidas.
No olvidemos que la Iglesia no puede actuar por sí misma, sino movida también por el Espíritu de Dios que es como su motor y dinamismo.
No olvidemos que nosotros nacemos del Espíritu.
No olvidemos que la Iglesia nace del Espíritu.
No olvidemos que nuestra fidelidad a Dios depende de nuestra fidelidad al Espíritu.
No olvidemos que la fidelidad de la Iglesia a Dios depende de su fidelidad al Espíritu.
No olvidemos que al Espíritu solemos invocarle como “dador de vida”.
Sin el Espíritu “la vida se apaga”. Es principio vital.
Sin el Espíritu, “la vida cristiana” se empobrece.
Sin el Espíritu, la Iglesia no pasa de ser una Institución.
Sin el Espíritu, los cristianos seguimos siendo “hombres según la carne”.
Sin el Espíritu, la autoridad es poder.
Sin el Espíritu, la obediencia es esclavitud.

Con mucho acierto escribía Moltmann: “en sus actuales tensiones entre fe y experiencia, esperanza y realidad, la Iglesia ha de entenderse a sí misma, dentro de esta historia del Espíritu que da origen a una nueva creación”.

Si no somos “movidos por el Espíritu”, de seguro que seremos “movidos por la carne”.
Si no somos “movidos por el Espíritu”, de seguro seremos movidos por intereses personales.
Cuando el Espíritu no es el que nos mueve somos como auto que se quedó sin gasolina.
Cuando el Espíritu no es el que nos mueve somos como velero sin viento que le empuje.
Cuando el Espíritu no es el que nos mueve somos como veleta quieta en la torre.
Cuando el Espíritu no es el que nos mueve la vida se nos apaga.

La gran pregunta que tendremos que hacernos cada uno de nosotros y también la Iglesia será:
¿Hacia dónde sopla hoy el Espíritu?
¿Hacia dónde nos lleva hoy el Espíritu’
¿Hacia donde nos empuja el Espíritu?
¿Hacia donde quiere llevar hoy el Espíritu a la Iglesia?
¿Hacia donde empuja hoy el Espíritu a la Iglesia?

Vuelvo a citar a Moltmann: “Solo hay una comunidad cristiana allí donde el Espíritu suscita” “la nueva obediencia a la soberanía de Cristo”.

Clemente Sobrado C. P

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