Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 2 a. Semana – Ciclo C

“Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no lo dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales”. ( Mc 3,20-21)

El Evangelio nos ofrece una escena bien curiosa.
¿No les parece extraño el que Jesús no invitase a seguirle a ninguno de sus parientes?
¿No se les ha pasado por la cabeza la posibilidad de que alguno de sus parientes no estuviese esperando la invitación, no precisamente por seguirle sino porque su figura y el ser discípulo suyo siempre le hubiese ganado un poco de prestigio?
Yo me imagino que en su casa no todos tendrían la santidad de María y José.

Por eso, a mí la escena que narra el Evangelio hoy me huele un poco a envidia, o cuando menos a cierto malestar entre los suyos.
Con la fama que tenía y con la gente que le seguía, es posible que alguno esperase “alguito”.
Porque estoy seguro que ni a María ni a José se les pasó nunca por la cabeza que Jesús había perdido el juicio y ya “no estaba en sus cabales”.
Y sin embargo, se habla de que son los de su familia quienes “vinieron a llevárselo”.

No resulta fácil entender a los que destacan.
No resulta fácil entender a los que llaman la atención por ser diferentes.
¿Nunca han escuchado decir por ahí que “son unos creídos?”
No resulta fácil entender a los que se toman en serio el Evangelio.
¿Nunca han escuchado decir por ahí que “son unos?”
No resulta fácil entender a los que se toman en serio su Bautismo.
¿Nunca han escuchado decir por ahí que “son unos fundamentalistas”?

No es fácil ser diferente a los demás.
No es fácil llevar una vida distinta al resto.
No es fácil decir “no” donde todos dicen “sí”.
No es fácil hacer lo que nadie quiere hacer.

Hoy, en concreto, no es fácil hablar de Dios en grupos, incluso de cristianos, que apenas si llevan algo más que el nombre.
Hoy, en concreto, no es fácil hablar y citar el Evangelio, en medio de quienes todo eso les resbala.
Hoy, en concreto, ¿alguien cree que es fácil hablar de castidad cuando todos hablan de sexo?
Hoy, en concreto, ¿alguien cree que es fácil hablar de que es necesario llegar virgen al matrimonio?
Hoy, en concreto, ¿alguien piensa que es fácil invitar a alguien a la vida sacerdotal y consagrada, con lo bien que se lo pasa en el mundo?

Es posible que nadie venga a llevarnos por imaginarse que “no estamos en nuestros cabales”.
Pero, estoy seguro que más de uno murmurará por lo bajo, si es que no se atreve a hablar en voz alta.

Pues, amigos, a Jesús se las dijeron de todo:
Sus enemigos le llamaron “endemoniado”.
Sus enemigos, disimuladamente le llamaron “hijo de prostituta”.
Sus familiares le creyeron “para el manicomio”.

Y sin embargo, la gente sencilla, le busca por todas partes.
La gente sencilla le sigue y no le deja tiempo ni para comer tranquilo.
Es que los sencillos de corazón tienen “un olfato muy fino”.
“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.
Y saben diferenciar quien “es de verdad” y quien “aparenta ser”.
Y saben reconocer quien “es realmente hombre o mujer de Dios” y quien lo aparenta.
Estoy de acuerdo con Unamuno cuando dice que los “santos están condenados a la soledad, porque los demás no han escuchado lo que ellos escucharon en su corazón”.

Clemente Sobrado C. P.

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