Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 4 a. Semana – Ciclo C

Ella salió a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?” La madre le contestó: “La cabeza de Juan el Bautista”. Entró enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: “Quiero que ahora mismo me des la cabeza de Juan, el Bautista”. El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a un verdugo que le trajese la cabeza de Juan”. (Mc 6,14-29)

La fiesta se tornó en tragedia macabra.
Una cabeza decapitada.
Una cabeza sangrando en una bandeja posiblemente de plata.
¡Vaya un regalo de fiesta!

¡Lo que vale un baile!
¡Lo que vale un juramento!
¡Lo que vale la atención a unos convidados!
¡Lo que vale complacer a alguien que odiaba!

Un baile que vale la vida de un profeta.
Un juramento que vale la vida de alguien a quien se dice estimaba.
Un respeto a los invitados que vale toda una vida.
¡Qué poco valen las vidas para algunos!
¡Qué poco valen las vidas cuando se trata de quedar bien ante los demás!
¡Con qué facilidad podemos acabar con la vida de los otros!
¡Con qué facilidad disponemos de la vida de los demás!
¡Con qué facilidad nos sentimos dueños de la vida de los demás!
¡Con qué facilidad ponemos precio a la vida de los demás!

Nos sentimos responsables:
Del juramento hecho a una bailarina pizpireta.
Del juramento hecho en una fiesta de celebración y tragos.
Y con qué facilidad nos olvidamos de los juramentos que hacemos a Dios:
Nos olvidamos del juramento de nuestro bautismo.
Nos olvidamos del juramento de nuestro matrimonio sacramento.
Nos olvidamos del juramento de fidelidad conyugal.
Nos olvidamos del juramento de indisolubilidad de nuestro compromiso matrimonial.
Nos olvidamos del juramento de nuestro compromiso de fe.
Nos olvidamos del juramento de nuestro sacerdocio.
Nos olvidamos del juramento de nuestra consagración religiosa.
Nos olvidamos del juramento de ser fieles al Evangelio.

Tal vez tendríamos que cuestionarnos con seriedad, hoy ante la Palabra de Dios:
¿Qué significan para nosotros las vidas de los otros?
¿Qué significan para nosotros todos esos que viven inhumanamente en las cárceles?
¿Qué significan para nosotros todos esos que también nosotros matamos de hambre?
¿Qué significan para nosotros todos esos que viven sin dignidad humana?

Porque una sociedad es humana:
Cuando lo más importante de todo son las personas.
Cuando lo más importante de todo es que todos vivan con dignidad.
Cuando lo más importante de todo es que todos tengan para vivir como personas.
Cuando lo más importante de todo no es el bienestar de unos pocos sino de todos.

Y tendríamos que preguntarnos qué valor damos a nuestros juramentos religiosos y sacramentales:
Cuando con tanta facilidad rompemos el matrimonio con el divorcio.
Cuando con tanta facilidad abandonamos nuestro sacerdocio.
Cuando con tanta facilidad abandonamos el compromiso de los Consejos Evangélicos.
Cuando con tanta facilidad abandonamos nuestra fe.

Clemente Sobrado C. P.

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