Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 5 a. Semana – Ciclo C

“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos” “Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres. Y añadió: “Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición”. (Mc 7,1-13)

Cuidado amigos. Leamos atentamente esta Palabra de Dios:
“me honra con los labios”.
“su corazón está lejos de mí”.
“el culto que me dan está vacío”.
“enseñan preceptos humanos”.
“dejáis a un lado el mandamiento de Dios”.
“os aferráis a la tradición de los hombres”.
“anuláis el mandamiento de Dios”.
“por mantener vuestra tradición”.

Todo un cuestionamiento:
¿No estaremos aferrándonos a lo secundario en vez de lo esencial?
¿No estaremos poniendo resistencias a los cambios necesario simplemente porque estamos acostumbrados a un pasado?
¿No estaremos envejeciendo a la Iglesia con pasados que ya han muerto?
¿No estaremos escandalizándonos por los cambios, porque “antes no era así”?

Tantas normas ¿serán tradición nuestra o de Dios?
Tantas prohibiciones ¿serán fidelidad a nuestra tradición o fidelidad a Dios?
Tanta tradición, ¿será tradición de Dios?
Tantas exigencias morales ¿responderán al amor de Dios o a nuestros criterios?
Tantos celos y preocupaciones ¿revelarán el amor de Dios o nuestro parecer y nuestra mentalidad?

Todo lo que exigimos e imponemos, ¿estará revelando el mandamiento de amor de Dios o nuestras maneras de pensar?
Eso que llamamos “tradición”, ¿responderá a la novedad de Dios?
Eso que llamamos “fidelidad a la tradición” ¿será fidelidad a lo que Dios quiere o fidelidad a la tradición de los hombres?

¿Dios no nos estará también hoy reclamando a nosotros:
Que sepamos discernir nuestras tradiciones?
Que sepamos discernir lo que es el mandamiento de Dios?
Que sepamos discernir lo que hoy es voluntad de Dios?
Porque Dios camina con los hombres.
Porque Dios quiere ser el Dios de todos los hombres, también de los de hoy.
Porque Dios expresa en cada momento su amor.
Porque Dios quiere responder a las situaciones de hoy, que no son precisamente las del pasado.

No podremos justificar todo lo que hacemos hoy.
Pero ¿podremos justificar todo lo que se ha hecho en eso que llamamos tradición?
Escuché una vez algo que me gustó: “Señor, nosotros siempre hemos hecho esto así”.
La respuesta fue clara: “Si lo que siempre han hecho está mal hecho, algún día hay que hacerlo bien”.

Siento que en la misma Iglesia rendimos demasiado culto a la tradición.
No se trata de renunciar a ella.
Pero sí de hacer un discernimiento si la tradición del pasado sigue siendo verdad para el hombre de hoy.
Porque no todo lo que ha sido tradición ha sido expresión de la voluntad de Dios.
Ejemplos nos sobran también en la Iglesia.
Está bien que sepamos ser fieles a la continuidad del pasado.
Pero siempre que esa continuidad no haya quedado en el pasado y no se prolongue en el futuro.

Jesús es bien claro: “aferrándose a la tradición de sus mayores”.
“Dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”.
Habrá que distinguir lo que es tradición de “los mayores” y lo que es “mandamiento de Dios”.
¿Estamos seguros de que todo lo declaramos inmutable es “mandamiento de Dios”?
En su visita a Bolivia, el Papa Francisco dijo: “Queremos un cambio real”.

Clemente Sobrado C. P.

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