Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Martes de la 1 a. Semana – Ciclo C

Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pus también nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno”. Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas”. (Mt 6,7-15)

La cuaresma es un tiempo de encuentro con los hombres, con nosotros mismos y con Dios.
Con los hombres, como encuentro con Jesús.
Con nosotros mismos, como encuentro con nosotros y con El en nosotros.
Con Dios, como Padre nuestro.
No hay verdadera oración donde no hay encuentro. Podemos “rezar oraciones” y pueden ser hojas que se lleva el viento. Pero orar es otra cosa:
Es encuentro. Es encuentro interior.
Es encuentro de comunión con los demás, con El y con nosotros.
Para orar:
Primero es sentir y experimentar a Dios como Padre.
Es sentir y experimentar nuestra condición filial.
Es sentir y experimentar que todos los demás son hermanos.
Es sentir y glorificar a Dios en nosotros y en el mundo.
Es sentir y aceptar los planes de Dios en nosotros.
Es sentirnos comprometidos con el Reino de Dios.

Orar es iniciar una nueva relación con los hermanos.
Es reconciliarnos con ellos.
Es atrevernos a perdonarles.
Es entrar en comunión con todos.
Es superar todos nuestros resentimientos.

Porque orar es reconciliarnos con Dios.
Pero imposible reconciliarnos con Dios sin reconciliarnos con el hermano.
No porque Dios cobre precio alguno.
Sino porque no podemos meter en nuestro corazón juntos el amor y el odio.
No podemos meter a Dios en nuestro corazón excluyendo al hermano.

El Padre nuestro es la oración de la comunidad.
Es la oración de los hijos.
Es la oración de los hermanos.
Es la oración que crea la comunidad rota por nuestras debilidades.
Pero es también la comunidad renovada y recreada por el perdón.

El domingo se nos pedía servir al hermano como quien sirve a Jesús.
Hoy entre tantas cosas se nos pide una experiencia de paternidad, filiación, fraternidad y perdón.

Primera caminata por el desierto camino de la Pascua:
Descubrir el valor del hermano.
Descubrir en él a Jesús.
Segunda caminata por el desierto camino de la Pascua:
Reconciliarnos con los hermanos.
Perdonar a los hermanos como condición para que Dios nos perdone.
Reconstruirnos en la fraternidad a pesar de nuestras flaquezas humanas.

Comenta el Papa Francisco:

“Tenemos un Padre. Cercanísimo, ¡eh!, que nos abraza… Todas estas preocupaciones, inquietudes que tenemos, dejémoslas al Padre: Él sabe lo que necesitamos. Padre, ¿qué?, ¿mi padre?

No, ¡Padre nuestro! Porque no soy hijo único, ninguno de nosotros, y si no puedo ser un hermano, será difícil convertirme en un hijo de este Padre, porque es el padre de todos. Sin duda que es el mío, pero también de los demás, de mis hermanos. Y si no estoy en paz con mis hermanos, no puedo decirle ‘Padre’ a Él”.
De este modo, agregó, se puede explicar el hecho de que Jesús, después de habernos enseñado el Padrenuestro, subraya que si no perdonamos a los demás, tampoco el Padre perdonará nuestros pecados. “Es muy difícil perdonar a los demás, verdaderamente es muy difícil, porque siempre tenemos aquel pesar dentro”. Pensamos: “Me lo hiciste, espera un poco…, para devolverle el favor que me había hecho”:
“Oh no, no se puede orar con enemigos en el corazón, con hermanos y enemigos en el corazón. Esto es difícil, sí, es difícil, no es fácil. ‘Padre, no puedo decir Padre; no me viene’. Es cierto, yo lo entiendo. ‘No puedo decir nuestro, porque este me hizo esto, eso y…’ ¡no se puede! ‘Estos deben de ir al infierno, ¿no? ¡no son de los míos!’. Es cierto, no es fácil. Pero Jesús nos ha prometido el Espíritu Santo: Él es quien nos enseña, desde dentro, desde el corazón, como decir ‘Padre’ y cómo decir ‘nuestro’. Pidamos hoy al Espíritu Santo que nos enseñe a decir ‘Padre’ y a poder decir ‘nuestro’, haciendo la paz con todos nuestros enemigos”.

Señor: Concédenos sentir la paternidad del Padre.
Señor: Concédenos sentirnos como hijos.
Señor: Concédenos sentirnos como hermanos.
Señor: Danos la gracia de perdonar y ser perdonados.
Señor: Danos gracia de ser la comunidad que tú esperas de nosotros.

Clemente Sobrado C. P.

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