Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Martes de la 4 a. Semana – Ciclo C

“Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús al verlo, le dice: “¿Quieres quedar sano?” “Señor, no tengo a nadie que me meta a la piscina cuando se remueve al agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado”. Jesús le dice: “Levántate, toma tu camilla y echa a andar”. Aquel día era sábado y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: “Hoy es sábado y no se puede llevar la camilla”. El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”. Los judíos acosaban a Jesús, porque había echo tales cosas en sábado”. (Jn 5,1-3.5-16)

De nuevo los conflictos entre la religión de la Ley y Jesús.
De nuevo los conflictos entre los guardianes de la Ley y Jesús.
¡Cuánto daño puede hacer la religión cuando no se pone al servicio del hombre!
La religión no es para defender a Dios.
La religión no es para presentar un Dios que se olvida del hombre.

En la Bula sobre el anuncio del Jubileo extraordinario sobre la misericordia, el Papa Francisco, cita las palabras del Papa Pablo VI, quien en la conclusión del Concilio Vaticano II decía:
“Queremos más bien notar cómo la religión de nuestro Concilio ha sido principalmente la caridad… ha reprobado los errores, sí, porque lo exige, no menos la caridad que la verdad, pero, para las personas, solo una invitación, respeto y amor… Otra cosa debemos destacar aún: toda esta riqueza doctrinal se vuelca en una única dirección: servir al hombre”. (Bula n. 4)

Y esa fue la religión de Jesús. La religión del amor y del servicio al hombre.
Jesús se olvida del sábado pensando en la curación de un hombre enfermo que lleva treinta y ocho años esperando.
No se puede amar a Dios negando al hombre.
Me gusta la frase de Abraham Lincoln: “Es difícil hacer a un ser humano miserable mientras sienta que es digno de sí mismo”

¿Acaso Dios prefiere el descanso sabático a la salud de un hombre?
¿Acaso Dios prefiere el descanso sabático a ver cómo un hombre, tantos años enfermo, ya deja de estar tumbado en su camilla y sano es capaz de cargarla y llevarla como recuerdo a su casa?

La fidelidad a la ley no es olvidarse del hombre que sufre.
La fidelidad a la ley es fidelidad a Dios pero en la fidelidad al hombre.
La mejor fidelidad a la Ley es hacer más digno al hombre.

La religión y la fe tienen que vivirse, en fidelidad a Dios y en fidelidad al hombre.
No hay peor actitud que esa mentalidad que cree que servir a la dignidad y libertad del hombre atenta contra nuestra relación con Dios.

Vivimos el Evangelio con demasiado miedo.
Vivimos el Evangelio con demasiado miedo a leerlo desde hoy.
Preferimos “repetir el pasado” que “recrear el presente”.
Preferimos ver cada día durante treinta y ocho años tirado en su camastro, que verlo sano y caminando en un día de sábado.
El sábado era el “día de Dios” ¿y no era también el día de Dios en el hombre?
“Nuestras comunidades se ven débiles, repitiendo fórmulas obsoletas. No comunican la alegría, son inseguras sobre el camino a tomar. La nostalgia para los tiempos pasados o la utopía de los sueños no sirven, por eso mejor un análisis lúcido”, preconizó.
Un Obispo europeo, muy influyente, que pidió el anonimato, dijo al periodismo algo muy serio: “es difícil encontrar el valor de la evangelización. Tenemos miedo. Los cristianos temen dirigirse a los que se alejaron, o peor, a los que le son hostiles”.
Es triste que, quienes debiéramos vivir con gozo y esperanza y valentía nuestra fe, vivamos con ese miedo al cambio.
Es triste que, quienes debiéramos preocuparnos del paralítico, pasemos a su lado durante treinta y ocho años, y no hagamos nada por él. Y que ahora, se escandalicemos de su buena salud, sencillamente porque alguien lo sanó en sábado.
Es triste el egoísmo de quienes siempre pueden tomar la delantera, olvidándose de alguien que “no tiene a nadie”.
La mejor manera de celebrar “el día de Dios” es convertirlo también en “el día del hombre”, porque Dios y el hombre no viven en competencia.
Pienso en la frase de Benedicto XVI: “Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios”. (DC 15)
Me quedo con la religión del Papa Francisco que es la religión del “amor y misericordia de Dios” y no co religión que se olvida del hombre.
Porque quien olvida a Dios, olvida al hombre.
Y quien olvida al hombre termina olvidando a Dios.

Clemente Sobrado C. P.

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