Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Jueves de la 4 a. Semana – Ciclo C

No es que yo dependa del testimonio de un hombre, si digo esto es para que vosotros os salvéis. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado”. (Jn 5,31-47)

Jesús sigue clarificando su vida, su condición divina de Hijo del Padre.
Pero ahora ya no acude a sus palabras. Ahora apela a las obras que hace.
Las obras que el Padre me ha concedido realizar, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado”.
El Padre da testimonio de Jesús.
Jesús da testimonio de sí mismo por las obras que hace.
Jesús da testimonio de sí mismo para que crean en él.
Jesús no es solo “Palabra de Dios”.
Jesús no solo habla y anuncia la Buena Noticia del Evangelio.
Jesús se hace creíble por el testimonio que da él el Padre.
Jesús se hace creíble por el testimonio de sus obras que son las obras que el Padre le manda hacer.

En el anuncio del Evangelio es fundamental el testimonio.
Hay la palabra hablada.
Hay la palabra del silencio.
Hay la palabra del testimonio.
Hay la palabra de la vida.

Todas ellas son necesarias, pero la mejor palabra es la del testimonio.
El testimonio no solo habla.
El testimonio ratifica, confirma y hace creíble a las otras palabras.
El testimonio, sobre todo, hace creíble a la persona misma.

Es importante lo que somos.
Pero más importante es lo “que hacemos”.
Más importante que todos nuestros títulos es el “testimonio de nuestras vidas”.
Mons. Sócrates Villegas, en el Sínodo sobre la Evangelización, se atrevió a decir que solo podemos ser creíbles si somos testimoniales.
“Denunció “la arrogancia” de algunos prelados y abogó por el retorno a “la humildad” de los primeros cristianos”. “La evangelización sigue siendo obstaculizada por la arrogancia de sus mensajeros. La jerarquía debe rechazar la arrogancia, la hipocresía y la beatería”, dijo.
“Nuestra experiencia en el Tercer Mundo me dice que el Evangelio puede ser predicado a los que tienen el estómago vacío, pero solo si el estómago del predicador está tan vacío como el de sus parroquianos”, añadió.

Es cierto que Jesús no necesita del testimonio de los hombres.
Le es suficiente el testimonio que de El da el Padre.
Le es suficiente su propio testimonio.
Pero los hombres de hoy:
Necesitan testimonios de hoy.
Necesitan testimonios de los creyentes de hoy.
Necesitan testimonios de la Iglesia de hoy.

El anuncio de Jesús y del Evangelio hoy, necesita de testimonios de los cristianos de hoy.
El anuncio de Jesús y del Evangelio hoy, necesita de testimonios de la comunidad de creyentes de hoy.
Por eso la afirmación del Obispo Sócrates Villegas, al estilo de Jesús, pone el dedo en la llaga:
“No es la “arrogancia” de los mensajeros, la que abre los corazones.
Sino “la humildad” y “sencillez” al estilo de los primeros cristianos.
Y tal vez, como dice él, el gran obstáculo para el acceso de los jóvenes a Jesús y su Evangelio, esté “en la pobreza de santos”, de “modelos para inspirarse”. “Requiere héroes vivos para encender el corazón”.

Testigos de Jesús, siempre.
Pero testigos de hoy y para hoy.
El lenguaje de Jesús ya no es el arameo o hebreo.
El lenguaje de Jesús es hoy el de nuestras lenguas hoy.
Hoy la gente no sabe arameo.
Como en Pentecostés necesita que también la gente diga “¿cómo es que les entendemos en nuestras propias lenguas?”
Hoy necesitamos que digan: “¿cómo es que les entendemos en las propias de cada corazón”
Si el hombre de hoy no da fe a nuestras palabras ¿cómo dará fe al Evangelio y al Jesús que le anunciamos?
Solo cuando lo vea escrito en el testimonio de nuestras vidas.
No son nuestros títulos los que convencen, sino nuestra vida, nuestro actuar.
¿Por qué el Papa Francisco se ha creado un clima de fe que está revolviendo la Iglesia?
Hasta sus “zapatos negros” hacen creíble hoy a Jesús.

Clemente Sobrado C. P.

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Una respuesta a “Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Jueves de la 4 a. Semana – Ciclo C

  1. Eduardo Còrdova Goycochea

    Que ciertas, oportunas y convincentes reflexiones. Para pensar en nuestro testimonio de vida. (para leerlo nuevamente) Gracias…

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