Bocadillos espirituales para vivir la Semana Santa: Domingo de Ramos en la Pasión del Señor – Ciclo C

1.- “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad sino la tuya”
Nadie quiere el dolor. Nadie ama el dolor. Tampoco Dios lo ama.
Y Dios tampoco nos dispensa del sufrimiento. No le dispensó a su Hijo. Tampoco a nosotros. Pero siempre nos hará más fuertes que nuestros sufrimientos. Cristiano no es el que ama la cruz, sino el que es capaz de ser más que su propia cruz.

2.- “Y Jesús sintió tristeza, pavor y miedo”.
Señor me gustas así. Me gustas débil, porque así te veo más parecido a mí. Porque también yo estoy lleno de miedos. Miedo al riesgo, miedo a quedarme enfermo, a quedarme inútil. Pero eso me gustas así: con miedo, con tristeza, con ganas de dejarlo todo. “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz”. Y me gustas, porque aún así sabes aceptar las cosas: “Pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

3.- “Los guiaba Judas, uno de los Doce…”
Señor, un amigo. Uno de los tuyos. Un amigo de esos que enseñan la cara y esconden el corazón. Un amigo de esos que primero acarician y luego golpean y matan. Y era de los tuyos… ¿Te das cuenta qué gente tenías en tu propio grupo? ¿Te das cuenta de que tu peor enemigo lo tenías en tu propia casa?

4.- “¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?”
Con un beso. ¿Entiendes algo, Señor? Son muchos los besos: besos que son amistad. Besos que son un engaño. Besos que son el precio de una compra. Besos que son una traición. Besos que crean una comunión de corazones. Y besos que venden la vida de los demás. Besos que compran los cuerpos y venden las almas.

5.- “¿No tienes nada que responder…?”
Señor, en tu Pasión tú callas. Ya no es la hora de las palabras. Es la hora del testimonio de la vida. Tú callas cuando no se busca la verdad sino la propia justificación.
Tú callas porque sabes que no escucharemos tu verdad. Pero tu silencio se hace palabra. La palabra de tu vida.

6.- “Vosotros ¿qué decís? Ellos contestaron: “Es reo de muerte”.
No importa la inocencia cuando ya hemos decidido en el corazón tu muerte. Te defiendes con el silencio. Porque la verdad resulta inútil cuando los demás ya me han condenado y juzgado en su corazón. Nadie ha aportado una causa. Pero tampoco la necesitan. Tú ya eres reo de muerte antes de probarte nada.

7.- “El negó delante de todos, diciendo: “no conozco a ese hombre”.
Señor, ya lo has escuchado. Pero no te conoce. Nunca te ha oído hablar. Nunca a andado contigo. ¡Qué difícil aceptar nuestra verdad, cuando la verdad nos puede complicar la vida! ¿No te sorprende, Señor? Pedro no te conoce. Pero tú sí conoces a Pedro. Tú si conoces la debilidad de Pedro. Pero eso no te escandalizas ya de nada.

8.- “Y enseguida cantó un gallo”. Y Pedro se echó a llorar su cobardía.”
Señor te pido que canten más los gallos. Pero mejor si cantan durante el día, porque de madrugada estamos dormidos y no los vamos a poder escuchar. Es posible que los gallos despierten nuestras conciencias y nos hagan sentir la mentira de nuestras vidas.

9.- “Pilato le pregunta: ¿Y qué es la verdad?”
Señor, es más fácil hablar de la verdad que vivir de la verdad. Es más fácil preguntar por la verdad que abrir nuestro corazón a la verdad. Es más fácil creer a nuestras verdades que a las tuyas. En tu Pasión todos buscan la verdad. Pero todos se quedan con sus propias verdades. Todos quieren demostrar su sinceridad frente a la verdad, por más que luego todos actúen desde sus mentiras.

10.- “Pilato dijo: No encuentro ninguna culpa en este hombre”.
Por fin alguien se atreve a confesarte inocente, a decir que no encuentra culpa alguna en ti. Sin embargo, de poco vale la inocencia de la vida cuando los demás ya han tomado decisiones sobre la nuestra. Pilato te reconoció inocente. Pero terminó condenándote. También los inocentes son juzgados culpables. También los inocentes son sentenciados a llevar la cruz. También los inocentes van a la cárcel. La inocencia no sirve cuando los intereses son otros.

11.- “Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar”.
Una manera de quedar bien con los demás. ¿No era inocente? ¿Azotarlo para quedar bien con los que lo acusaban? No encontramos razones para condenarte, pero tenemos que evitar la presión de los otros. Quisiéramos liberarte por inocente, pero las razones del ambiente pesan más. Las razones políticas exigen otra cosa. ¿Estamos para salvar a los inocentes o para dar gusto a los demás?

12.- “Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran”
Así de fácil es manejar la vida de los demás. Entregamos al inocente como quien entrega un juguete a un niño para que se divierta. ¿Dónde están los derechos de las personas? ¿Dónde están los derechos de la persona? ¡Qué poco vale la vida cuando queremos quitarnos un problema de encima! ¡Qué poco vale la persona humana cuando queremos librarnos de complicaciones en la vida! Ya sabes, Señor, tú eres inocente. ¡Pero tienes que ser “entregado para que otros se diviertan con tu crucifixión!

13.- “Echaron mano de un cierto Simón de Cirene… y le cargaron la cruz…”
Siempre es más fácil pedir que sean los demás los que hagan las cosas. Siempre es más fácil cargar la cruz sobre los hombros de los demás, que no prestar los nuestros. Lo importante es que se solucionen nuestros problemas. Los problemas de los otros interesan poco. Lo importante es que nosotros ganemos para vivir bien, aunque los demás tengan que vivir en la miseria. Para algunos siempre hay posibilidades. Pera el resto, todo es imposible…

14.- “Lo crucificaron”
Tu muerte necesita pocas explicaciones. Es una muerte poco importante. La muerte de los culpables nunca es importante. La muerte de los condenados nunca es importante. Sólo la nuestra tiene importancia. Crucificar al inocente parece una cosa fácil y no necesita de mayores explicaciones. Además a ti, te condenaron los buenos. Y los buenos no tienen por qué dar explicaciones a nadie. Los buenos no tienen por qué dar razones a nadie. Ellos son los buenos. Y eso es suficiente para justificar sus decisiones.

15.- “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre…”
Junto a tu cruz sólo cuatro personas. Sólo aquellos que creyeron en Ti hasta el final. Los demás, todo lo observan a lo lejos. Estar demasiado cerca de los malos siempre es un peligro. El sufrimiento de los demás, mejor lo vemos desde lejos. En la muerte de los demás, mejor nos situamos un poco lejos. Donde no haya peligro de identificarnos demasiado contigo. ¡Qué solos viven y mueren los inocentes condenados como culpables! ¡Qué solos tienen que morir los condenados por los buenos!

16.- “Jesús gritó con fuerte voz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Señor, tú gritas la injusticia humana y el silencio de Dios. ¿Es un grito de rebeldía? ¿No será más bien el grito de la soledad infinita y de la impotencia humana de la inocencia? Muchas veces, Padre, he gritado contra ti y tu silencio en mi vida. Muchas veces he gritado mi fe porque tampoco dabas cara por mí. Sin embargo, Padre, tú sabes que mi grito no es de negación de tu amor, es el grito que necesita de tu presencia. Que te necesita a ti, cuando todo lo humano nos ha fallado.

17.- “Lo envolvió a una sábana y lo puso en el sepulcro, excavado en una roca”
Perdona, Señor: tu muerte no tuvo esquelas en los periódicos. Tuviste un funeral de tercera. Un funeral en privado. Tampoco necesitabas más. Total, para tres días que ibas a estar en el sepulcro, cualquier cosa era suficiente. En tu tumba se enterraron todas las esperanzas. Pero todas ellas resucitarían al tercer día. El silencio de Dios se hará palabra de Pascua en el amanecer del domingo.

Clemente Sobrado C. P.

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