Bocadillos espirituales para vivir la Semana Santa: Martes Santo

Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros. “Donde yo voy, vosotros no podéis ir”. Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: “Adonde yo voy no puedes acompañarme ahora, me acompañarás más tarde”. Pedro replicó: “Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti”. Jesús le contestó: “¿Con que darás mi vida por mi? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces”. (Jn 13,21-33.36-38)

Solo quisiera entrar en los sentimientos de Jesús.
Identificarme con los sentimientos de Jesús.
Identificarme con las actitudes de Jesús.

Jesús siente la presencia del que lo “va a entregar”.
Siente el cinismo de quien comparte la misma cena, cuando ya su corazón lo ha traicionado.
Y Jesús guarda respetuoso silencio.
Siente que su corazón está como estrujado, pero guarda silencio.
Siente que su corazón está adolorido por la frialdad del traidor.
Pero no lo denuncia.
Hasta tiene un gesto de amistad ofreciéndole el bocado mojado en su propio plato.
Hasta le facilita la salida sin que los demás puedan reconocerle.
Quiere hacerle sentir su amor hasta el final, para darle oportunidad de reaccionar.
Es que el corazón traidor tiene cara de inocente.
Es que el corazón traidor es especialista en conservar las apariencias.

La traición no se ve en el espejo.
La traición no se ve en el rostro.
Judas tiene el rostro de todos.
Es que traidor puede ser cualquiera.
El que traidor puede ser el que menos piensas.
El que camina a tu lado como amigo.
El traidor puedo ser yo mismo.

El corazón del traidor es misterioso.
Pero el corazón de Jesús es igualmente misterioso.
Lo sabe y lo calla.
Lo sabe y lo protege hasta el final.

Por otra parte está la arrogancia de Simón Pedro.
Se resistió a que Jesús le lavase los pies.
Y ahora se resiste a no poder seguirle hasta el final.

Simón Pedro:
Está dispuesto a “dar su vida por Jesús”.
Y no está dispuesto a que “Jesús dé la vida por él”.
Está dispuesto a “morir por Jesús”.
Y no está dispuesto a que “Jesús muera por él”.
Se quiere convertir él en el redentor de Jesús.
Y no aceptar que Jesús sea su redentor.

La autosuficiencia no sirve para andar el camino de la Cruz.
La autosuficiencia no sirve para aceptar el misterio de la Cruz.
No se puede reemplazar y sustituir a Jesús.
No podremos comprender la Cruz hasta que Jesús haya colgado de ella.
No podemos aceptar la Cruz hasta que Jesús la haya experimentado.
No podemos comprender la muerte de Jesús hasta verlo muerto a El en la Cruz.
No somos nosotros los que tenemos que ir por delante.
No somos nosotros los que señalamos el camino a Jesús.

A nosotros no nos corresponde ir por delante abriendo caminos.
A nosotros solo nos corresponde “seguir sus huellas”.

Gracias, Señor, porque nos amas hasta esconder nuestro pecado.
Gracias, Señor, porque no quieres descubrir la bajeza de nuestro corazón.
Gracias, Señor, porque quieres ser siempre el que va por delante abriendo caminos.
Gracias, Señor, porque conoces nuestras debilidades.
Pero ¿me quieres decir qué sentía en esos momentos tu corazón?

Clemente Sobrado C. P.

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