Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Jueves de la Octava de Pascua – Ciclo C

Contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros”. Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo: “¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo. Dicho esto, les mostró las manos y los pies”. (Lc 24,35-48)

Paz a vosotros

El tiempo pascual está marcado por varios elementos que son básicos en todo proceso de fe en Jesús resucitado y que debieran ser básicos en todo proceso de anuncio y proclamación de la Pascua:
El primero es: el compartir las propias experiencias.
La Resurrección de Jesús no se transmite con explicaciones teóricas.
La Resurrección de Jesús se anuncia en base a experiencias personales.
Contaban lo que les había pasado por el camino”.

El segundo: es la Eucaristía, el “partir el pan”.
“cómo le habían reconocido a Jesús al partir el pan”.
Por el camino Jesús fue ablandando y preparando sus corazones.
Pero donde se les abrieron los ojos fue cuando “partió el pan”.
El Papa Francisco destaca los dos elementos básicos:“la palabra y la Eucaristía”

Y lo aplica a nuestras Misas que son precisamente la celebración del misterio pascual, del Jesús muerto y resucitado: “Anunciamos tu Muerte y proclamamos tu Resurrección”.
Es decir: la Misa como anuncio de la Palabra. Es Jesús por el camino.
Y la Misa como “comunión”, “partir el pan”. Es Jesús sentado a la mesa y reconocido.
El anuncio de la Palabra “calienta los corazones” y “abre nuestra inteligencia a las sagradas Escrituras”.
Es en la “consagración” y “comunión” donde se abren los ojos y le reconocemos.
Una Misa sin la Palabra es un misterio ininteligible. Algo que queda en puro rito.
Una Misa sin “consagración y comunión” termina siendo una celebración ciega que no descubre nada ni a nadie. Una celebración donde falta el resucitado.

El tercero son las manos y los pies.
Uno de los elementos más reveladores de que Jesús sigue vivo es “mostrar sus manos y sus pies”.
Mostrar las manos es mostrar las llagas de unas manos rotas y agujereadas como signo de la propia entrega.
Mostrar los pies es mostrar las llagas de tanto caminar por la vida al encuentro con el hombre.
Mostrar los pies es mostrar las llagas del Jesús caminando por el monte buscando la oveja perdida.

No es suficiente nuestra palabra para dar a conocer la Pascua de Jesús:
Es preciso mostrar nuestras manos llagadas.
Es preciso mostrar nuestras manos perforadas por cuyos agujeros se cuele nuestro amor.
Mostrar nuestras manos perforadas de tanto dar y darse a los demás.
Mostrar nuestras manos perforadas de tanto quedarse vacías por los demás.
Mostrar nuestras manos perforadas de tanto tocar el dolor y el sufrimiento de los demás.
Mostrar nuestras manos perforadas de tanto amar y perdonar.

No es suficiente nuestra palabra para testimoniar la Pascua de Jesús:
Es preciso mostrar nuestros pies llagados de tanto caminar entre los hombres.
Es preciso mostrar nuestros pies llagados de tanto caminar en busca de los hombres.
Es preciso mostrar nuestros pies llagados de tanto andar al encuentro de los necesitados.
Es preciso mostrar nuestros pies llagados de tanto andar cargando el sufrimiento de los demás.

No se puede anunciar al Resucitado con manos demasiado limpias y sin sangre.
No se puede anunciar al Resucitado con pies demasiado limpios y sin heridas.
Anunciemos al Resucitado, pero dejemos que los demás puedan tocar las llagas de nuestras manos y de nuestros pies, como señales de nuestro amor por los demás.
Como creyentes en el Resucitado, todos debiéramos llevar los signos de nuestras manos y nuestros pies, de nuestro darnos y morir por los demás.
Cada vez que miramos a nuestras manos o a nuestros pies, ¿nos reconocemos y nos reconocen como resucitados?
El cristiano tiene que llevar los signos de su Pascua en sus manos y en sus pies.

Clemente Sobrado C. P.

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