Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Domingo 2 – Ciclo C

Señor de la Misericordia“Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús… A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos”. (Jn 20,19-31)

Celebramos hoy el Domingo de la divina misericordia.
Misericordia con los Discípulos que experimentan la presencia del Resucitado y se reconcilia con ellos.
Misericordia con Tomás a quien le da el privilegio de poder tocar sus llagas y creer en El.

El Papa Juan Pablo II quiso declararlo como el Domingo de a divina misericordia.

El Papa Francisco al anunciar el Jubileo de la Misericordia escribía:
Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz:
Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad.
Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro.
Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos limpios al hermano que encuentra en el camino de la vida.
Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado”. Bula n 2)
“La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona”. (Bula 3)

¿Alguien puede poner condiciones a Dios que perdona?
¿Alguien podrá impedir perdonar cualquier pecado?
¿Alguien podrá excluir a alguien del amor de Dios?
¿No existen demasiadas prohibiciones?
El Papa anunció el Sínodo como “tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes”. N.3)

Este segundo domingo es el domingo de los regalos pascuales.
El regalo de la paz, como reconciliación de Jesús con los suyos.
El regalo del Espíritu Santo, que los recrea en los hombres nuevos.
El regalo de la misión, por la que los hace continuadores de su obra.
El regalo del poder de perdonar, como expresión del amor pascual de y en la comunidad.
Durante la Pasión le fallaron prácticamente todos.
Por eso, en la Pascua:
Se sienten avergonzados y temerosos. Les da miedo su presencia.
Y lo primero que Jesús hace es devolverles la alegría de la reconciliación regalándoles su misericordia y el don de la paz y del perdón.
Además es preciso reconstruirlos por dentro. Y les regaló el don del Espíritu Santo. Los recrea. Si en la creación Dios sopló en las narices de Adán haciéndolo un ser viviente, ahora sopló sobre ellos, regalándoles no solo el don de la vida sino su propio Espíritu. Les hace los “hombres nuevos de la Pascua”.
Y les regala la confianza de encomendarles la continuación de la misión que el Padre le había encomendado a El. Pero Jesús es consciente de que, a pesar de todo, siguen siendo hombres débiles y frágiles y le deja el maravilloso don del perdón, capaz de reconstruirlos, en su misericordia, cada vez que la debilidad los gane.

Ahí está constituida la nueva comunidad pascual.
Una comunidad en torno a la presencia de Jesús.
Una comunidad llamada a vivir de la experiencia del que lo dio todo por ellos. Sus llagas serán en adelante la mejor expresión de la identidad entre el crucificado y el resucitado.
Una comunidad animada por el mismo espíritu de Jesús. Que no solo vive de su presencia sino que vive su mismo espíritu.
Una comunidad de amor, capaz de perdonar y recrear cada día a sus miembros.

Es la comunidad testigo de la Pascua.
Es la comunidad pascual.
Es la comunidad del Resucitado.
Es la comunidad del Espíritu Santo.
Es la comunidad de la misión y del perdón.
Es la comunidad, lugar del encuentro con el Resucitado.
Por eso, Tomás, que no está en la comunidad se niega a creer en el Resucitado. Pero también a él lo rescata Jesús. Y le hace proclamar públicamente, en la comunidad, su fe en El.

La Iglesia no es más Iglesia por su organización y su estructuración, que, puede ser necesaria. Pero la organización no la hace Iglesia. La Iglesia tiene una organización, pero es una vida. La organización es como el cauce del río, pero la ella es el río mismo.
La Iglesia es Iglesia por el Espíritu que la habita.
Sin Espíritu no hay Iglesia.
La Iglesia es Iglesia por vivir en estado de misión.
Sin misión no hay Iglesia.
La Iglesia es Iglesia para amar y perdonar.
Sin amor y sin perdón no hay Iglesia.
La Iglesia es Iglesia por decir que “lo ha visto” y lo testimonia.
Una Iglesia que “no lo ha visto” no es Iglesia.
La Iglesia es Iglesia cuando es capaz de recuperar a los que dentro han fallado. Sin misericordia no hay Iglesia.

Clemente Sobrado C. P.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s