Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Sábado de la Octava de Pascua – Ciclo C

“Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo habías visto, no la creyeron”. (Mc 16,9-15)

Marcos es el único que nos dice que Jesús resucitó “al amanecer”.
“Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana”.
Presenta solo a la Magdalena y no al resto de mujeres.
Y resulta curioso el dato de “la que había echado siete demonios”.
“Se le apareció primero a María Magdalena”
Y la presenta sin nervios ni angustias.
En tanto que de los discípulos dice: “que estaban de duelo y llorando”.
Y también destaca que “no la creyeron”.

¿Resucitó al amanecer?
¿O amaneció porque resucitó?

¿Por qué todos los días tienen que ser iguales?
Cada vez que cambiamos de vida, es un amanecer nuevo.
Cada vez que nos encontramos con el resucitado, es un amanecer nuevo.
Cada vez que nos olvidamos de lo viejo, es un amanecer nuevo.
Cada vez que nos arriesgamos a lo nuevo, es un amanecer nuevo.
Cada vez que salimos de la noche del pecado, es un amanecer nuevo.
Cada vez que Jesús resucita en nosotros, es en un amanecer nuevo.
Cada vez que somos perdonados, es un amanecer nuevo.
Porque Jesús resucita en nosotros y nos convierte en amanecer.

Dios siempre resulta original:
No fue Pedro el primer testigo de Jesús vivo y resucitado.
No fueron los “compañeros” los primeros testigos del Jesús que está vivo.
Ellos seguían encerrados haciendo luto por el muerto.
Ellos seguían llorando al que les había dejado.
Ellos seguían encerrados de miedo.
Y el miedo no es el mejor camino para abrirnos a la vida.
Y el miedo no es el mejor camino para abrirnos a la fe.
Y el miedo no es el mejor camino para abrirnos a lo nuevo que comienza.

Mientras tanto, Jesús:
Se aparece primero a una mujer, la que no servía de testigo.
Se aparece primero a una mujer pecadora, de la que “echó siete demonios”.
Se aparece primero a una mujer que sale de sus seguridades y camina hacia el sepulcro.
Es que Jesús no necesita de recomendaciones.
Es que Jesús no necesita de grandes títulos.
Es que Jesús se siente a gusto con los que han sido capaces de cambiar.
Es que Jesús no tiene en cuenta el pasado sino el presente de cada uno.
Es que Jesús es de los que olvida el pasado y solo mira al presente.

¿Cuándo aprenderemos que nuestro pasado no es un estorbo para Dios?
¿Cuándo aprenderemos que lo que fuimos no le importa a Dios?
¿Cuándo aprenderemos que a Dios solo le importa lo que somos y no lo que fuimos?

¿Será por eso que ellos “no la creyeron”?
¿Será que solo creemos lo que nosotros vemos?
¿Será que solo creemos lo que nosotros hemos visto?
Tampoco Tomás les creyó a ellos cuando le anunciaron “que lo habían visto”.

¡Qué difícil nos resulta creer en el cambio de los demás!
¡Qué difícil nos resulta creer a los que un día vivieron llenos de demonios!
¡Qué difícil nos resulta creer a los que un día fueron malos y han cambiado!

Por eso, cuando Jesús “se aparece a los Once, cuando estaban a la mesa, les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón”.
Somos muchos los que no creemos que de la muerte brote la vida.
Somos muchos los que no creemos que los muertos estén vivos.
Somos muchos los que tenemos un “corazón duro” para los malos que dejan de serlo.
Somos muchos los que tenemos un “corazón duro” y no creemos a los que un día fueron malos.
Somos muchos los que aún no damos fe a las mujeres, como si la verdad fuera privilegio de los hombres.

¿Y a estos envía Jesús a anunciar la Buena Noticia?
¿Y a estos confía Jesús el anuncio del Evangelio?
¿Y es gracias a estos que nosotros creemos que Jesús está vivo?

Dios tiene un estilo propio.
A la que fue pecadora, le regala con las primicias de su Resurrección.
A la que fue pecadora, le regala con las primicias de llevar la noticia a los “suyos”.
Y es a estos “incrédulos y duros de corazón” a quienes envía al mundo como testigos de que Jesús está también vivo hoy.

Clemente Sobrado C. P.

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