Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Jueves de la 2 a. Semana – Ciclo C

El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios, El que Dios envió habla de las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida”. (Jn 3,31-36)

Una lección que tenemos que aprender:
No dice nada quien habla demasiado.
No dice nada quien habla solo de sus propias ideas.
No dice nada quien habla lo que escucha a los hombres.
No dice nada quien habla solo de lo que aprendió en los libros.

Jesús no era ni de los que hablaba demasiado, ni tampoco de los que hablaba lo que escuchaba a los hombres o leído en los libros.
Jesús es de los que:
Habla de lo que ha visto.
Habla de lo que ha oído al Padre.
Su palabra se hace testimonio.
Su palabra es el testimonio de la Palabra de Dios.

Hoy hablamos mucho de “nueva evangelización”.
Hablamos mucho del hombre.
Hablamos mucho de libertad y democracia.
Tendríamos que hablar de “nueva profecía”.
Porque el profeta no es el que habla por sí mismo.
Sino el que habla de lo que ha escuchado de Dios.
Por eso, constantemente, el profeta suele decir: “Esto dice el Señor”.

Me temo que en nuestra evangelización, y me cuento entre tantos:
Hablemos demasiado de lo que nosotros mismos pensamos.
Hablemos demasiadas palabras humanas.
Escribamos demasiadas Homilías y Discursos, consultando libros.
Pero hemos “oído poco a Dios”.
Hemos “escuchado poco a Dios”.
Y por eso, nuestra palabra no es “testimonio”.
Sino palabra bonita y que suena bien.
¿Pero testificará lo que hemos visto y oído?
¿Podremos decir: “esto dice el Señor”?

Necesitamos ser contemplativos y hablar:
De lo que hemos visto.
De lo que hemos oído.
De lo que han tocado nuestras manos.
De lo que hemos experimentado.
De lo que nos ha tocado dentro en el alma.

Está bien que nos vean:
Como especialistas en los nuevos métodos de evangelizar.
Como especialistas en los nuevos multimedia.
Como especialistas en conocer al hombre.

Pero esos son medios, conductos de la palabra.
Pero la Palabra primero tiene que ser “escuchada”.
Pero la Palabra tiene que manifestar el “testimonio”.

Porque nuestra palabra está llamada a ser:
El hoy de Dios para los hombres.
El hoy de Dios para el mundo.
El hoy de Dios para los esposos.
El hoy de Dios para la Iglesia.
El hoy de Dios para los jóvenes.
El hoy de Dios para los que la anuncian.

Jesús dijo un día: “Si no me creéis a mí, creed a mis obras”.
Digamos nosotros: “Si no nos creen a nosotros, que crean a nuestra vida, a nuestra experiencia de Dios”.
Es el testimonio el que “certifica la veracidad de Dios”.
El testimonio es “habla las palabras de Dios”.
Y creer en el Hijo es ya “creer en la vida eterna”.

Los nuevos evangelizadores debieran expresarse en las palabras de San Juan: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos, acerca de la Palabra de vida, pues la vida se manifestó, y nosotros la hemos visto damos testimonio… lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos…” (1 Jn 1,1-4)

Clemente Sobrado C. P.

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