Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Viernes de la 2 a. Semana – Ciclo C

“Le seguía mucha gente, porque había visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía tanta gente, dice a Felipe: “¿Con qué compraremos panes para que coman estos”. (Jn 6,1-15)

Comenzamos este capítulo 6 de Juan, el capítulo del “Pan de la vida”.
Resulta significativo que el anuncio de la Eucaristía comience primero con dar de comer a los que tienen el estómago vacío.
Es relato profundamente eucarístico.
Yo lo llamaría “una Misa al aire libre”.
Así debieran ser nuestras misas.
La gente se reúne en torno a Jesús, como nos reunimos nosotros los domingos.
Aquí por los signos que habían visto sanando enfermos.
Nosotros nos reunimos por las exigencias de nuestra fe que quiere renovarse en el misterio pascual.

Cada uno cargando sus propios problemas.
Y todos con el estómago vacío.
También nosotros asistimos cada uno con nuestros problemas.
Muchos cargados de necesidades, entre ellas, el estómago vacío.
Nos reunimos sin conocernos ni preocuparnos de las necesidades del otro.
Jesús comienza por tomar conciencia de que la gente está con hambre.
Está cerca la fiesta. ¿Pero qué fiesta podemos celebrar con hambre?
¿Alguien se acuerda que la Misa es también nuestra fiesta de Pascua?
¿Algunos de nosotros ve el hambre y los problemas que le rodean en la Misa de cada domingo?

Comenzar nuestra Misa conociendo los problemas de los hermanos.
Alguien tiene que tomar conciencia de que es preciso hacer algo.
Algunos, como Felipe, se justificarán de que la solución es imposible.
Hacen cálculos matemáticos y ni con doscientos denarios.
¿No serán nuestras misas algo parecido?
Pero ¿no habrá también entre nosotros cinco panes y dos peces?
Celebrar la Eucaristía no es guardar el pan, sino “compartir el pan”.
Celebrar la Eucaristía primero es tomar conciencia de los que tenemos a nuestro lado.
No es posible celebrar la misa entre extraños y ajenos.
No es posible celebrar la misa en la indiferencia para con los demás.
Comenzamos reconociendo nuestros pecados. Lo cual está bien.
¿Y no será nuestro primer pecado la indiferencia al hambre de los hermanos?

“Decid a la gente que se siente en el suelo”.
Comer parados es comenzar el camino de la libertad.
Comer sentado es señal de libertad.
La Eucaristía celebrada como Pascua del Señor es señal de que somos libres.

El pan es ante todo un don de Dios para todos.
Por eso Jesús, igual que en la Eucaristía “toma los panes, da la acción de gracias”.
Nunca tendremos panes suficientes para todos
En tanto no “nos reconozcamos que son don de Dios”
En tanto estén guardados para nosotros.
Los panes se hacen Eucaristía cuando comenzamos a “bendecirlos , dar gracias y repartirlos”.

Nuestras ofrendas ¿no tendrían que tener como destino las necesidades y el hambre de los demás?
Nuestras ofrendas tendrán que pasar por la consagración dando gracias a Dios, “y dándole gracias, los bendijo y dijo: Tomad y comed todos de él”.

¿Y qué es la comunión sino el repartir el pan de vida a todos?
¿Y nuestra comunión no llega a todos?
¿Y luego que todos han comulgado no quedan todavía muchas hostias?
Cuando el pan es bendecido y sacado el egoísmo del tener, llega a todos.
Aquí sobraron “doce canastas”.
En el Copón quedan muchos panes consagrados.
Pero que no se desperdicien: “Recoged los pedazos de pan sobrado; que nada se desperdicie”.
Porque lo que sobra será el pan que necesiten los que vengan a la siguiente misa.

¿No sería la Misa más pascual si pudiéramos celebrarla en este esquema de la multiplicación de los panes? Hasta la gente se entusiasmaría queriendo a Jesús por rey. Y no saldrían aburridos despidiéndose hasta el domingo siguiente.
¿Que una Misa así sería poco seria?
Pero sería mucho más la Misa Pascual de Jesús.
Y nosotros sentiríamos más necesidad de Jesús y sin tantas ganas de salir.
Sería la verdadera Misa del “tomó el pan, lo bendigo y lo partió diciendo: “Comed todos de él”.

Clemente Sobrado C. P.

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