Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Domingo 3 – Ciclo C

“El sumo sacerdote interrogó a los apóstoles y les dijo: “¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ese? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre. Pedro y los Apóstoles replicaron: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. (Hch 5,27-32.40-41)

Bueno, muchos llamarán a esta actitud: “fanatismo religioso”.
La palabra fanatismo se ha puesto de moda, sobre todo para cuestionar lo religioso.
Y en cambio, la inmensa mayoría vivimos de puro fanatismo.
Los fanáticos del fútbol.
Los fanáticos de del cine.
Los fanáticos de los cantantes.
Los fanáticos del alpinismo.

¿Alguien habla mal de esos fanáticos?
¿Por qué solo el fanatismo tiene que ser malo cuando es religioso?
A parte de que ¿existe hoy, en menos en nuestra Iglesia, ese fanatismo del Evangelio?

Además:
¿Por qué hemos de confundir fanatismo con sentido de responsabilidad?
Los Apóstoles no tenían nada de fanatismo.
Lo que tenían era un gran convenciendo de Jesús.
Lo que tenían era un gran convencimiento del Evangelio.
Lo que tenían era un gran convencimiento de Dios.

¿Le vas a prohibir a una madre abrazar y cargar con su hijito pequeño?
¿Le vas a prohibir a un empleado marcar su tarjeta a la hora?
¿Le vas a prohibir a un trabajador ser responsable de lo que hace?
Hacen lo que tienen que hacer.

Cuando uno está lleno de Dios, Dios lo es todo para él.
Cuando uno está lleno de Jesús, Jesús lo es todo para él.
Cuando uno está lleno del Evangelio, el Evangelio lo es todo para él.
Cuando uno está enamorado, la enamorada lo es todo para él.
Por eso su respuesta: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

En la vida es preciso tener:
Valores claros y definidos.
Convencimientos firmes.
No se puede vivir bailando entre ambas aguas.
No se puede vivir a medio remo.
No se puede amar a medias, porque dejaríamos de amar.
No se puede asumir un compromiso a medias, porque no lo cumpliríamos.

No se puede ser cristiano a medias.
No se puede ser cristiano en la Iglesia y pagano en la calle.
No se puede rezara el Credo en la Iglesia y negarlo en la calle.
Como no se puede amar de verdad, teniendo una sucursal fuera de casa.
Nadie se casa a medias.
Como ninguna mujer está “embarazada a medias”.
Ninguna mujer “da a luz a medias”.
O somos cristianos o no lo somos.
Mejor si dejamos de serlo, si vamos a vivir nuestra fe a medias.
No se puede creer en Dios a medias, según nuestras conveniencias.
No se puede pensar como Dios y pensar a la vez como el mundo.
No se puede creer evangélicamente y luego pensar como piensan los demás.
Si eso es fanatismo, que el Señor nos regale muchos cristianos fanáticos.
Porque de cristianos a medias ya tenemos suficientes.

La vida es o no es.
La vida se vive o no se vive.
Se obedece a Dios o a los intereses personales y humanos.
Me encanta el elogio de alguien cuando se dice de él: “este es un tipo entero”, “este es un tipo de una sola pieza”.
Quiere decir que no está hecho a pedazos.

Clemente Sobrado C. P.

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