Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Sábado de la 3 a. Semana – Ciclo C

“Desde entonces, Jesús les dijo a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?” Simón Pedro le contestó. “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios”. (Jn 6, 60-69)

El escándalo del anuncio de la Eucaristía salpicó también a los discípulos que le seguían.
“Este modo de hablar es duro, ¿Quién puede hacerle caso”.
También Jesús debió pasar por una seria crisis.
La crisis del abandono de muchos.
La crisis de la fe de muchos que hasta entonces creían en él.
La crisis de quienes pensaron que su modo de hablar “era duro”.

Hay crisis:
Consecuencia de situaciones difíciles.
Consecuencia de lo que vemos y no entendemos.
Consecuencia de las exigencias que se nos presentan.
Consecuencia de no querer arriesgarnos.
Consecuencia de no aceptar el cambio.
Consecuencia de no aceptar los grandes ideales.

Las crisis tienen su origen no tanto en lo que se no ofrece, sino en las motivaciones de nuestro seguimiento. El lo dijo claramente: “Me buscáis por el estómago”.

Es lo mismo que sucede en la Iglesia.
La Iglesia no es lo que nosotros quisiéramos.
La Iglesia no responde a nuestros intereses.
La Iglesia no es lo que nosotros desearíamos.
La Iglesia no se actualiza a nuestros gustos e intereses.
Lo cual quiere decir: ¿por qué nosotros nos declaramos Iglesia?
Lo cual quiere decir, ¿qué concepto tenemos de Iglesia?

“Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él”.
Sabemos por qué muchos se echaron a tras y se fueron y lo dejaron.
Sencillamente sintieron miedo a los nuevos cambios que Jesús anunciaba.
Preferían seguir la religión de la Ley a la religión de la vida y del amor.
Sabemos que no eran razonables estos abandonos.
O mejor sabemos que no lograron entrar en estos caminos de Jesús.
Hay abandonos que son dolorosos, pero hasta cierto punto, uno puede entenderlos, no justificarlos, pero sí comprenderlos.
Había allí un novedad no fácil de entender para quienes vivían sometidos a la religión de la Ley.

El problema que a nosotros nos toca plantear es:
¿Por qué tantos abandonan hoy la Iglesia?
¿Por qué tanto dejan hoy la Iglesia y buscan otras Iglesia?
¿Por qué tanto abandono en la vida sacerdotal y consagrada?

Y esto sí nos tiene que preocupar. El abandono de tantos cristianos bautizados que hoy dejan la Iglesia no nos puede dejar indiferentes.
No siempre la culpa la tiene los que se van sino los que nos quedamos tan tranquilos, como si aquí no sucediera nada.
Me preocupan los que se salen de la Iglesia.
Pero me preocupa más la frialdad e indiferencia de los que decimos seguir en la Iglesia. Y en esto quiero dar razón al Documento “Aparecida”, donde nuestros mismos Obispos reconocen:
“Según nuestra experiencia pastoral, muchas veces la gente sincera que sale de nuestra Iglesia no lo hace por lo que los grupos “no católicos” cree, sino, fundamentalmente, por lo que ellos viven: no por razones doctrínales, sino vivenciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales; no por problemas teológicos, sino metodológicos de nuestra Iglesia. Esperan encontrar respuestas a sus inquietudes. Buscan, no sin serios peligros, responder a algunas aspiraciones que quizás no han encontrado, como debiera ser, en la Iglesia”. (DA 225)

Jesús quiere someter a esa misma crisis a sus íntimos los Doce.
“¿También vosotros queréis marcharos?”
¿Era realmente una prueba o era comprobar si ellos habían comprendido el discurso de la Eucaristía?
Los puso entre la espada y la pared.
No sabemos si por convencimiento o conveniencia, Pedro habla en nombre de todos:
“Señor, ¿a quien vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado de Dios”.
Es la primera confesión de los Doce.
No entendían pero se fiaban de su Palabra.
“Sus palabras tenían vida eterna”.

También nosotros debiéramos preguntarnos hoy:
¿Seguimos o no seguimos a Jesús con todas sus exigencias?
¿Seguimos o no seguimos en la Iglesia con todas sus debilidades?
¿Seguimos o no seguimos creyendo aunque no entendamos muchas cosas?
¿Respuesta? Cada uno tiene la suya.

Clemente Sobrado C. P.

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