Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Domingo 4 – Ciclo C

“Dijo Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno”. (Jn 10, 27-30)

Domingo del “Buen Pastor”.
Domingo de “Jesús, el Buen Pastor”.
Domingo de todos aquellos que tenemos el ministerio del pastoreo en la Iglesia.
Un tema tan querido por el Papa Francisco:

“Somos pastores, no jefes”.
“Esto yo les pido: sean pastores con olor a oveja”
“Son pastores, no funcionarios. Son mediadores, no intermediarios. (…) Tengan siempre presente el ejemplo del Buen Pastor, que no vino para ser servido, sino para servir, y buscar y salvar lo que estaba perdido”.

“Esta es una gran responsabilidad y debemos pedir al Señor la gracia de la generosidad y el valor y la paciencia para salir, para salir a anunciar el Evangelio. Ah, esto es difícil. Es más fácil quedarse en casa, con esa única oveja. Es más fácil con esa oveja, peinarla, acariciarla… pero nosotros sacerdotes, también vosotros cristianos, todos: el Señor nos quiere pastores, no peinadores de ovejas; ¡pastores!

“Al final un obispo no es obispo para sí mismo, es para el pueblo; y un sacerdote no es sacerdote para sí mismo, es para el pueblo: al servicio de, para hacer crecer, para pastorear al pueblo, precisamente al rebaño, ¿no? Para defenderlo de los lobos. ¡Es bello pensar esto! Cuando en este camino el obispo hace eso es una bella relación con el pueblo, como el obispo Pablo hizo con su pueblo, ¿no? Y cuando el sacerdote tiene esa bella relación con el pueblo, nos da un amor: viene un amor entre ellos, un verdadero amor, y la Iglesia se vuelve unida”.

Estos tres versículos lo dicen todo:
“Escuchar la voz del Pastor”.
“El pastor que conoce a sus ovejas”.
“Ovejas que le siguen”.

“Mis ovejas escuchan mi voz”.
Jesús podía decirlo, porque él era la voz del Padre.
Mi problema es distinto. Cuando yo hablo: “¡Escuchan mi voz o logro que, escuchándome a mí, escuchen a Jesús o escuchen al Padre?”
¿No estaré hablando demasiado de mis propias ideas y criterios?
¿No estaré expresando más mis propios pensamientos que los pensamientos de Jesús?
¿No estaré manifestando más mi propio modo de ver que el modo de ver de Jesús?
Al fin y al cabo, nosotros somos “los pastores encargados por el Buen Pastor”.
Las ovejas no son nuestras sino de Jesús.
Las ovejas tienen que escucharle a El que es “el camino, la verdad y la vida”.
De ahí la pregunta ineludible de todos los pastores: “le escuchamos primero nosotros para, como los Profetas, poder decir al pueblo: “Esto dice el Señor”, no “esto digo yo”.

Para que me “escuchen” necesito estar “cerca de ellas”.
En todo caso, debo pedir comprensión a nuestro rebaño que es el Pueblo de Dios, pues es la misión que El nos encomendó. Y somos humanos y es posible que, más de una vez, nos salga nuestro yo más que el “Yo” de Jesús. También El es nuestro Pastor y nosotros, pastores, “tenemos que escuchar su voz” si es que queremos ser su voz para vosotros.

“Y yo las conozco”
Nada de excusas, aunque sí realistas.
Cada vez conocemos menos a nuestras ovejas. Somos menos y las ovejas son más. Y cada vez somos más viejos y nos cuesta más. ¿Excusa y justificación? También los mayores conocen a los suyos.
Siento que no puede darse una auténtica pastoral sin conocernos mutuamente. Resultaría una pastoral “anónima”. Y el anuncio del Evangelio debiera ser mucho más personalizado.
Para conocerlas se requiere cercanía, trato, vivir mezclados con las ovejas.

Pastores de los pastores
Aquí quiero recordar a Benedicto XVI que hablando a Obispos recién consagrados les pide: “Vigilad al rebaño, prestando una atención especial a los sacerdotes. Guiadlos con el ejemplo, vivid en comunión con ellos, estad siempre disponibles para escucharlos y acogerlos con benevolencia paterna, valorando sus diversas cualidades”.

También nosotros siendo pastores tenemos que escuchar a nuestros fieles. Como el resto de ovejas necesitamos que alguien se preocupe de nosotros.
Tenemos que escuchar y ser escuchados.
Tenemos que ser modelo, y necesitamos modelos.
Tenemos que conocer, y ser conocidos.
Tenemos que vivir en comunión con los fieles, pero también en comunión de pastores.
Tenemos que darles nuestro tiempo al rebaño, pero también necesitamos que nuestros Obispos nos concedan parte de su tiempo para escucharnos.
Tenemos que amar a nuestras ovejas, y necesitamos sentirnos amados de nuestras ovejas y de nuestros Pastores Obispos.

Nos lamentamos del fallo de muchos pastores. ¿Será siempre culpa nuestra? También nosotros tenemos nuestro corazón y nuestros sentimientos y nuestras luchas y nuestros cansancios. Por eso necesitamos “una atención especial” de nuestros Obispos.

En el Día del Buen Pastor, un saludo fraterno a todas las ovejas del rebaño, pero también un fraterno saludo a todos los pastores que han entregado su vida al servicio de ellas.

Clemente Sobrado C. P.

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