Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Martes de la 4 a. Semana – Ciclo C

“Los judíos, rodeándolo, le preguntaban a Jesús: ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías dínoslo francamente”. Jesús les respondió: “Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías”. (Jn 10,22-30)

Hay quienes tienen ojos y no ven.
Hay quienes tienen oídos y no oyen.
Todo es cuestión de corazón.
Todo es cuestión de apertura de espíritu.
No hay peor ciego que el que no quiere ver.
Ni peor sordo que el que no quiere oír.
Ni peor estómago que el que no quiere hacer la digestión.

Si alguien hablaba claro, era Jesús.
Si alguien actuaba con transparencia era Jesús.
Si alguien no ocultaba su identidad era Jesús.
Y sin embargo, los judíos se quejan y lamentan y hasta le cuestionan:
“Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso?”
“Dinos si eres o no el Mesías, pero francamente”.
No creían porque no querían creer en él.
No le reconocían porque no les interesaba reconocerle.

Por eso, Jesús le dice: “Os lo he dicho, y no creéis; la obras que yo hago en nombre del Padre dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías”.

Jesús no les responde ni con un “sí” ni con un “no”.
Remite sencillamente a sus “obras”.
No son los títulos los que nos acreditan.
Hay demasiados títulos comprados y falsos.
Además, los títulos nos dan categoría, pero no nos dan la verdad de lo que somos.
Lo que realmente nos acredita es nuestro estilo de vida.
Lo que hacemos y cómo lo hacemos.

No es suficiente decir que somos “cristianos”.
No es suficiente presentar nuestra “Partida de Bautismo”.
No es suficiente presentar nuestra “Partida de Matrimonio”.
No es necesario presentar nuestro “Certificado de ordenación sacerdotal o Profesión religiosa”.
Los cristianos no nos acreditamos por los “certificados de los Despachos parroquiales”.
Lo que nos acredita es nuestro vivir bautismal.
Nuestro vivir con fidelidad y amor nuestro matrimonio.
El poder ofrecer un hogar lleno de calor humano, de bondad y alegría.
El poder vivir el sacerdocio de Cristo y nuestra entrega a los fieles.

No nos acreditan los “Diplomas”.
Pero sí nuestra sencillez a pesar de nuestros títulos.
No nos acreditan los “Títulos”.
Pero sí nuestra actitud de servicios a los demás.
No nos acreditan los “Títulos”.
Pero sí el que compartamos lo nuestro con los que no tienen.
No nos acreditan los “Títulos”.
Pero sí el que dediquemos nuestro tiempo para acompañar a los ancianos que viven solos y abandonados.
No nos acreditan nuestros “Títulos”.
Pero sí el que amemos a los demás independiente de su condición de vida.

Dime cómo vives y te diré quién eres.
Dime cuanto amas y te diré quién eres.
Dime cuanto te das a los demás y te diré quién eres.

“Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí”.
Las obras que hacemos en fidelidad a nuestro Bautismo, ésas dan testimonio de nosotros.
La fidelidad matrimonial da testimonio de ti como esposo.
Tu amor fiel y servicial da testimonio de ti como esposa.
“Obras son amores y no buenas razones”.

Clemente Sobrado C. P.

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