Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Miércoles de la 4 a. Semana – Ciclo C

“Jesús dijo gritando: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí, no quedará en tinieblas”. (Jn 12,44-50)

No me gustan las paredes.
Nos encierran y no dejan ver lo que hay al otro lado.
No me gustan los muros que impiden ver a los que pasan.
En cambio me gustan los retratos que siempre nos hablan de otros, incluso si han muerto.
No me gustan esas personas misteriosas que nadie sabe lo que piensan.
No me gustan esas personas misteriosas que se encierran en sí mismas.
No me gustan los espejos que solo permiten verme a mí mismo.

Me gustan las ventanas que dejan mirar hacia afuera, y ver el parque donde se sientan los ancianos y juegan los niños.
Me gustan las ventanas porque dejan ver la calle, los árboles y los jardines.
Me gustan los Rayos X, porque son capaces de hacernos ver lo que llevamos dentro.

Y me gustan los santos.
¿Recuerdan a aquella madre que enseñaba a su hijito las vidrieras de una Catedral Gótica?
Le dice al niño: “mira qué bonitos los santos”.
Y el niño le pregunta: Mamá, ¿y quiénes son los santos?
Ella, medio embarazada, respondió: “Hijo, los santos son los que dejan pasar la luz”.

Por eso me encanta Jesús:
El nunca nos retiene sobre sí mismo.
El siempre apunta y señala al Padre.
“El que cree en él, no cree en él, sino en el Padre que lo envió”.
“El que lo ve a él, no lo ve a él, sino al Padre que lo envió”.

¿Recuerdan a aquella jovencita madrileña que veraneaba en Irún todos los años?
Al morir, descubrimos en su diario esta frase: “María, mi santa Madre, que quien me mire, te vea”.
Tampoco ella quería ser el centro de atención de nadie.
Y eso que era una joven bonita.
Quería pasar ella desapercibida y que en ella pudiéramos ver a la Virgen María.

¿Cuánto gastamos en estética, para llamar la atención y que nos vean?
¿Cuánto gastamos en peluquerías, para que se fijen en nosotros?

Por eso, me gusta Jesús:
El no quiere quedarse con nadie.
Quiere que quien “crea en él termine creyendo en el Padre que lo envió”.
Quiere que quien “lo vea a él termine viendo al Padre que lo envió”.
No quiere ser puerto de llegada, sino puerto de partida.
Quiere que le miren a El, pero que vean al Padre.

¿Y no es esa la misión de la Iglesia?
La misión de ser transparente.
Su finalidad no ella misma sino Jesús, el Padre, el Evangelio.
No es ella misma, sino llevar a Jesús.
No es ella misma, sino llevar a los hombres a Jesús.
No es ella misma, sino hacer visible el Evangelio.
No es ella misma, sino hacer visible y creíble a Jesús.
No es ella misma, sino hacer visible el amor del Padre.
No es ella misma, sino hacer visible la vida del Padre.
No es ella misma, sino hacer visible la salvación del Padre.
No es ella misma, sino manifestarnos la “misericordia del Padre”
No es ella misma, sino hacer visible la dignidad de cada hombre.

Por eso:
Es preciso despojarse de todo aquello que nos hace quedar en ella.
Es preciso despojarse de toda magnificencia que hace admirarla a ella.
Es preciso despojarse de todo aquello que impide ver en ella a Jesús.
Es preciso despojarse de todo aquello que impide manifestar al Padre.
Es preciso despojarse de todo aquello que impide poner de manifiesto la belleza del Evangelio.
No podemos quedarnos en el Pórtico de la Gloria si no vemos la Gloria.
No podemos quedarnos en las riquezas artísticas si no descubrimos la verdad del Evangelio.

Jesús es transparente. ¿Recuerdan la Transfiguración cuando dejó ver la belleza divina que llevaba dentro? Por eso:
Es el que deja pasar la luz del Padre.
Es el que deja pasar la luz del amor del Padre.
Es el que deja pasar la luz del Evangelio.
Es el que deja pasar la vida del Padre.
Es el que deja pasar la “misericordia del Padre”.
Es el que deja pasar el “perdón del Padre”.

Cristiano es aquel en quien nadie se queda, porque ve en él a Dios.
Cristiano es aquel en quien nadie se queda, porque ve en él a Jesús.
Cristiano es aquel en quien nadie se queda, porque ve en él el Evangelio.
Todo cristiano es alguien de tránsito.
Porque cristiano es el que cuando alguien lo mira ve en él a Jesús.
“Lo que hicisteis con uno de estos, a mí me lo habéis hecho”.
Cristianos ventanas y no espejos.

Clemente Sobrado C. P.

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