Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Jueves de la 4 a. Semana – Ciclo C

“Les aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado más que el que lo envía. Sabiendo esto, dichosos ustedes si lo ponen en práctica. No lo digo por todos ustedes; yo sé bien a quienes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”. Se lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean que yo soy. Les aseguro: El que recibe a mi enviado me recibe a mí; y el que a mí me recibe, recibe al que me h enviado”. (Jn 13,16-20)

Cada vez que se cita a Judas en el Evangelio, siempre se hace referencia a lo de “traidor”, “Jesús sabía quien lo iba entregar”.
Sin embargo nunca aparece gesto alguno que lo delate.
Ni siquiera en la Ultima Cena.

Estamos en el Año Jubilar de la misericordia.
El Papa Francisco nos dice:
“Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios”.
Misericordia que es comprensión,
y es dar oportunidades,
y es perdonar.
Judas es objeto de la misericordia hasta el final.
“La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner límite al amor de Dios que perdona”. (Bula 3)

Jesús se está despidiendo.
Y les deja el mandato de que ellos no son más que El.
Pero sí “dichosos si son como El haciendo lo que El hizo”.
“Dichosos vosotros si lo ponéis en práctica”.
Hacer de siervos más que de amos.
O ser amos y maestros capaces de hacerse esclavos de los demás.
Hablamos de las ocho bienaventuranzas, sin embargo, aparece muchas más en los Evangelios, o son expresión de las ocho.
“La bienaventuranza de hacerse siervo que sirve y lava los pies a los demás”.

Una despedida llena de ternura, delicadeza y bondad.
Denuncia muy delicada del que lo traicionaría.
Y es uno de los elegidos por él.
Y es alguien que comparte el pan con él.
La verdad que Jesús debía tener unos hígados de elefante.
Mejor dicho, tenía que tener el mismo amor del Padre.
Tenía la misma “misericordia del Padre”.
Que le duele el fracaso del hijo, pero le sigue amando.
Que le duele la frustración de su amor, pero le sigue amando.
Que un día lo llamó, y aún sigue esperando en él.

Jesús es realista.
Conoce muy bien el corazón del hombre y sigue contando con él.
Conoce muy bien el corazón del hombre y sigue llamándolo.
Sabe que:
Lo que él ha vivido, también lo tendrá que vivir la Iglesia.
También en la Iglesia habrá quienes comparten el mismo pan y fallan.
También en la Iglesia habrá llamados que la traicionan.
No todos serán angelitos.
En la Iglesia habrá mucha santidad.
Y también mucho pecado.
Este tiempo jubilar “es tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes”.

Y por eso Jesús se anticipa para que, “cuando sucede sigamos creyendo en él”.
Que la traición de uno de los suyos, no oscurezca la fe del resto.
Que la traición de uno de los suyos, no es razón para dejar de seguir creyendo en él.

Bella lección para la Iglesia:
¿Que en la Iglesia habrá mucha máscara que disimula el pecado?
No es razón para dejar de creer en la Iglesia.
¿Que en la Iglesia hay quienes viven en las alturas y están huecos por dentro?
No es razón para dejar de creer en la Iglesia.
¿Que en la Iglesia hay mucha mentira arriba y abajo?
No es razón para dejar de creer en ella.
¿Que el tiempo destapa mucha podredumbre en la Iglesia?
No es razón para dejar de creer en ella.
¿Qué todo el escándalo de la pederastia ha embarrado a la Iglesia?
No es razón para dejar de creer en ella.
No es razón para abandonarla.
No es razón para salirse de ella.

¿Que la traición de Judas resulta un gran escándalo?
Pero todavía queda el resto capaz de seguirle.
¿Qué hay mucho pecado en la Iglesia?
Pero el Papa Francisco dirá: “Sin embargo es más la santidad que hay en ella”.
El conoce muy bien las debilidades de la Iglesia.
Pero como Jesús nos dice a todos: “para que cuando suceda crean que yo soy”.

Por eso, Iglesia:
No me justifico del mal que te he hecho.
Pues aún así sigo creyendo en ti.
No justifico los escándalos que te han golpeado duro.
Pero yo sigo creyendo en ti.

Clemente Sobrado C. P.

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