Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Sábado de la 4 a. Semana – Ciclo C

“Os lo aseguro: el que cree en mí, también hará las obras que yo hago, y aún mayores”. (Jn 14,7-14)

Hay cosas que no son fáciles de creer.
¿No estará exagerando Jesús al decirnos: “que el que cree mí, también hará las obras que yo hago, y aún mayores?”
Un optimismo que se prestaría también a la duda, si la frase no la hubiese dicho el mismo Jesús.
¿Qué nosotros podemos hacer obras mayores que Jesús?
¿Qué yo puedo hacer obras mayores que Jesús?
¿No será un piropo que Jesús nos regala para levantar nuestro espíritu?

De ordinario la gente se empeña en achatarnos.
Muchos nos dirán:
Que no valemos para nada.
Que no servimos para nada.
Que somos unos inútiles.
Jesús ve las cosas de otra manera y se atreve a decirnos que “los que creemos en él, también haremos las obras que yo hago”.
Y aún se atreve a añadir “y aún mayores”.
¿Seremos capaces de creerlo?
¿Seremos capaces de convencernos de ello?

Mientras unos tratan de rebajarnos en nuestra autoestima.
Mientras unos tratan de convencernos de lo poco que somos.
Jesús trata de revalorizarnos.
Jesús trata de levantar nuestra estima personal.
Jesús trata de convencernos de lo importantes que somos.
Jesús trata de convencernos de que somos como él y que hasta somos capaces de hacer cosas mayores que él.

Y me pongo a pensar si todo eso será verdad.
Y pienso que hago cantidad de cosas que El hacía y esto me llena de gozo.
Anuncio de la Palabra de Dios, claro que quisiera tener su experiencia.
No instituyo la Eucaristía, pero sí puedo celebrarla y realizarla cada día.
Y siento que es una maravilla ver encarnarse a Dios en mis manos.
Puedo perdonar cada día los pecados como él los perdonaba.
Yo no sé lo que él sentía cada vez que decía “tus pecados quedan perdonados”, pero para mí es un momento de estremecimiento espiritual.
Y hasta puedo perdonar, en su nombre, pecados que posiblemente él nunca se encontró con ellos.
Y puedo llegar a cantidad de gente que él nunca llegó.
Y puedo llegar a cantidad de enfermos que él nunca pudo llegar.

La verdad que me pongo a pensar y descubro que mi vida, salvando las distancias, es tan parecida a la suya que yo mismo me asusto.
Yo no sé si Jesús se las vio con parejas desunidas y rotas.
Yo no sé si Jesús se las vio con gente con el corazón destrozado por tantas infidelidades.
Yo no sé cuántos matrimonios habrá salvado Jesús.
Y a lo largo de mi vida yo he podido devolver la vida a cantidad de parejas.
Yo no sé a cuántos habrá dicho “yo te absuelvo de tus pecados”.
En mis largos años de sacerdocio yo lo he repetido miles de veces y sigo haciéndolo.

Hoy debo comenzar el día con la alegría del sol que entra por mi ventana.
Hoy debo vivir el día con la alegría de que haya tenido tanta fe y confianza en mí.
Hoy debo revivir mi vocación, que es la suya, y mirar hacia atrás y ver cuántas huellas de vida quedan en mi camino.

Ya sé que vivimos en mundo que no fue el suyo.
Ni tenía los problemas con los que hoy me encuentro.
Y sin embargo, hace que también yo pueda levantar a tantos caídos.
Y ayudar a despertar en muchos la fe, tanto tiempo dormida en el fondo del alma.
Creo que solo me falta una cosa para ser como él: “Dar la vida en la Cruz”.
Aunque la dé a pedacitos cada día “manifestando la misericordia de Dios”.

Clemente Sobrado C. P.

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