Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: San Marcos, Evangelista

San Marcos, Evangelista

“Se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado”. (Mc 16,15-20)

Celebramos hoy la fiesta de San Marcos.
Y leemos el Evangelio precisamente de Marcos que nos narra el último encuentro de Jesús con los suyos.
Jesús se nos va al cielo junto al Padre.
Y ellos son enviados al mundo a continuar su misión.
Despedida que es un “me voy y me vuelvo”.
Hay despedidas dolorosas.
Hay despedidas tristes y gozosas a la vez.
Hasta aquí llegó el camino humano de Jesús.
Aquí comienza el camino de cuantos creen en El.
“Id al mundo entero”.

No se trata de un “tomad un poco de descanso”.
No se trata de un “recordadme con cariño”.
No se trata de un “sed chicos buenos”.

Les había dicho que hicieran “esto en memoria mía”.
Les había dicho “lavaos también los pies unos a otros”.
Les había dicho “amaos como yo os he amado”.
Ahora les dice: “Id al mundo entero”.
Ahora les manda olvidarse de los sillones.
Ahora les manda olvidarse de su tranquilidad.
Ahora les manda olvidarse de su casa.
Ahora les manda a los caminos del mundo.
Ahora les manda a recorrer el mundo.
Ahora les manda a caminar al encuentro de todos los hombres.
Ahora les manda a abrir caminos por todo el mundo.

Esa es la misión:
Hacer caminos.
Abrir caminos.
Andar caminos.
Salir al encuentro de los hombres que buscan.
Salir al encuentro de los hombres que viven en la oscuridad.
Salir al encuentro de los hombres que se sienten satisfechos.
Salir al encuentro de los hombres que necesitan encontrarse con el Evangelio.

“Proclamad el Evangelio”
Es la hora de los pies andando caminos.
Es la hora de la palabra que anuncia la Buena Noticia.
Es la hora de la palabra que resuena en todo el mundo anunciando el Evangelio
Es la hora de poner a los hombres ante el reto de la fe.
Es la hora de ofrecer a los hombres la posibilidad de creer.
Es la hora de ofrecer a los hombres el desafío de creer.
Es la hora de poner a los hombres ante la posibilidad de la salvación.
Es la hora de la palabra, del Evangelio, de la Buena Noticia del Reino.

Esta es la misión de la Iglesia:
No la de instalarse sino la de vivir desinstalada.
No la de quedarse donde está, sino ir a donde están los otros.
O como dirá el Papa Francisco: “de quedarse mirando desde el balcón”,
No la de callar sino la hablar.
No la de silenciar a Dios sino proclamar a Dios “a toda la creación”.
No la de quedarse entre los buenos, sino de llegar a todos.

Estoy pensando en tantos misioneros esparcidos por el mundo.
Estoy pensando en tantos misioneros anunciando el Evangelio en todas las lenguas.
Estoy pensando en aquellos doce religiosos pasionistas que el 24 de diciembre de 1912 salían de Bilbao, rumbo a la Selva peruana. Cinco largos meses para llegar a su primer destino, el Departamento de San Martín y luego Yurimaguas.
Estoy pensando en aquellos cuatro misioneros de esa expedición, ahogados en el río, alguno de los cuales no pudo ser hallado en las turbulentas aguas y comidos por las pirañas.
Estoy pensando en tantos cristianos que han entregado sus vidas al servicio del Evangelio.

Y todo, fruto de aquel “Id al mundo entero”.
Porque el que cree tiene por nación, el mundo.
Porque el que cree tiene por familia, la humanidad entera.
Porque el que cree tiene como única verdad, el Evangelio.

Clemente Sobrado C. P.

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