Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Viernes de la 5 a. Semana – Ciclo C

“Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Vosotros sois mis amigos, ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. (Jn 15,12-17)

Cada día se publican nuevas leyes.
Y hasta resulta curioso que todo el mundo pide que las leyes sean cada vez más duras, sobre todo por motivos de violencia y corrupción.
Diera la impresión de que tenemos que darles trabajo a los abogados, fiscales y jueces.
Y la sociedad sigue igual.
Sigue la violencia.
Sigue la corrupción.
Tampoco la ley va a la zaga.
He mirado el Derecho Canónico y son 1752 leyes.
Y luego todas las normas que salen cada día.

En cambio, Jesús lo simplificó todo. Sólo nos dejó una ley:
“Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado”.
Para Jesús es suficiente una sola ley: el amor.
Para el que ama las demás leyes está de sobra.
Para el que no ama, todas las leyes juntas son insuficientes.
San Agustín lo entendió muy bien: “Ama y haz lo que quieras”.

Por eso estoy seguro de que Jesús no nos va a examinar del Derecho Canónico.
Sólo nos hará una pregunta: “¿Has amado?”
Claro que le pone una apostilla peligrosa: “como yo os he amado”.
Porque, como dice el refranero: “la gente a cualquier cosa llama chocolate”.
Y que nosotros pudiéramos traducir: “nosotros, a cualquier cosa llamamos amor”.

Para el cristiano es suficiente “amar”.
Pero “amar” no de cualquier manera.
Si no todo es “chocolate” y tampoco todo es “amor”.
No nos equivoquemos.
Amar, es “amar como yo os he amado”.
El amor del Padre a Jesús es la medida de nuestro amor.
El amor de Jesús para con cada uno de nosotros es la medida del nuestro.

Por eso, luego Jesús establece el marco de relaciones que han de guiar nuestras vidas:
En cristiano no hay “amos y esclavos”.
En cristiano no hay “grandes y pequeños”.
En cristiano no hay “los poderosos y los débiles”.
Donde hay amor no puede haber esclavitud.
Donde hay amor no puede haber “siervos” al servicio de “amos”.
Por eso tampoco puede haber secretos.
Porque los que se aman de verdad no tienen secretos entre ellos.

En cristiano lo que tiene que haber son “amigos”.
Somos amigos de Jesús.
Jesús es nuestro amigo.
Somos amigos entre nosotros.
Soy tu amigo.
Eres mi amigo.
Somos amigos.
Una sociedad de amigos y de amistad.
Una Iglesia de amigos y de amistad.

Amigos que no se imponen, sino que libremente se eligen.
No se trata de esa amistad utilitarista para ver cuánto le puedo sacar de jugo.
Sino esa amistad libre y espontánea que brota del corazón.
Es la amistad fruto de “amarnos como El nos amó”.

Podemos saber mucho.
Pero si no amamos…
Podemos tener grandes títulos.
Pero si no amamos…
Podemos rezar mucho.
Pero si no amamos…
Podemos escuchar muchas misas.
Pero si no amamos…
Podemos comulgar todos los días.
Pero si no amamos…
Podemos celebrar muchas misas.
Pero si no amamos…
Al fin y al cabo lo que verdaderamente nos hace hijos de Dios es el amor.
Lo que nos hace verdaderos cristianos es el amor.
“Esto os mando: que os améis unos a otros”.
El amor y la amistad es el camino que abre la puerta del corazón y de la mente.

Clemente Sobrado C. P.

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