Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Sábado de la 5 a. Semana – Ciclo C

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia”. (Jn 15, 18-21)

El panorama hoy ha cambiado.
Ayer hablábamos de un mundo de amistad y de amigos.
Hoy Jesús nos presenta un mundo dividido donde el principio de relaciones ya no es el amor y la amistad sino el “odio” y la persecución.
La suerte de los seguidores está echada:
O viven en el amor y como amigos.
O viven en el odio y la enemistad.

¿La razón? Pienso que el amor.
Porque los creyentes no están al margen del mundo, como una isla separada del mundo.
Siguen estando en el mundo y forman parte del mundo.
Pero el mundo piensa de otra manera.
El mundo soluciona los problemas de otra manera.
El mundo, entendido como Jesús, tiene otros criterios de relación.
El mundo habla mucho de amor, pero se resiste a organizarse en la amistad.
El mundo se resiste a la mentalidad del Evangelio.
El mundo se resiste a aceptar como principio de vida el amor.
Y a la vez: el mundo no se deja fermentar tan fácilmente de la nueva vida del Evangelio.
El defiende su modo de pensar.
Y no acepta las nuevas semillas del amor.
Ni acepta dejarse fermentar por el amor como norma y estilo de vida.

El mundo suplanta el amor y la amistad por el odio y la persecución de cuantos pueden poner en peligro un cambio de radicalidad evangélica.
Por eso, la suerte del que ama termina siendo “ser odiado”.
La suerte del que decide vivir en el amor y la amistad, termina en “persecución”.

El ideal que ofrece Jesús es maravilloso.
Fue el ideal que guió toda su vida.
Pero fue también el ideal que le llevó a ser excluido, juzgado y condenado a muerte.
Y la suerte del discípulo no puede ser otra que la del maestro:
“Sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros”.
“Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán”.

Vivir del amor es cosa bella. Pero no es nada fácil.
Vivir como amigos es cosa estupenda.
Pero tiene un precio demasiado caro.
Ser cristiano tiene poco de barato.
La experiencia nos lo dice cada día:
Es fácil rezar el Credo los domingos en la Misa.
Lo difícil es declararse creyente en el grupo de los amigos.
Si alguien se declara ateo nadie se siente incómodo.
Pero si confiesas que tú crees y practicas tu fe, no faltarán los silencios o las sonrisitas maliciosas o las admiraciones.
O incluso, las marginaciones: “tú eres un aguafiestas”.

Hablamos mucho de los conflictos entre las distintas confesiones.
Pero tampoco éstos faltan, incluso dentro de los que se llaman creyentes en Jesús.
No solo el mundo nos persigue.
También hay persecuciones solapadas aún dentro de nosotros mismos.
Estamos llamados a vivir en esa tensión entre la fidelidad al Evangelio o la fidelidad al mundo.
Llamados a vivir como el mundo o a estar en el mundo, pero sin ser del mundo, pues, “yo os he escogido sacándoos del mundo”.
Vivir en el riesgo y la tensión siempre es un peligro, pero también la gran oportunidad.

Clemente Sobrado C. P.

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