Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Miércoles de la 6 a. Semana – Ciclo C

“Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga El, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hale no será suyo; hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir” (Jn 16,12-15)

Nadie tiene la verdad plena.
Todos somos peregrinos buscadores de la verdad.
La misma Iglesia, como dice el Concilio Vaticano II “camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad”. (DV 9)
La misión del Espíritu Santo es triple:
Enseñar lo que Jesús mismo no pudo decirnos.
Enseñarnos a comprender lo que dijo mientras estaba con nosotros.
Enseñarnos lo que aún “está por venir”.

Dios se va revelando al hombre progresivamente, según el hombre va siendo capaz de comprenderle.
Los mismos Discípulos fueron incapaces de comprender muchas cosas de las que anunciaba Jesús.
¿Cómo entender las Bienaventuranzas con la simple razón y nuestra mentalidad?
¿Cómo entender el misterio de su Pasión y de su Muerte crucificado?
Pedro sufrió un buen escarmiento al sentir que Jesús lo comparaba con Satanás, porque no entendía ni quería entender que “el Hijo del Hombre tenia que sufrir mucho…”

Una de las acciones del Resucitado fue “abrirles la inteligencia” para que entendieran su Muerte desde lo que decían las Escrituras de él.
Tuvieron que ir poco a poco reconociéndole como resucitado, pues no cabía en su cabeza.
También Tomás tuvo su llamada de atención.

¿Y acaso las podemos entender hoy desde nuestro racionalismo?
La misión del Espíritu es actualizar el Evangelio de Jesús.
La misión del Espíritu es hacernos comprender la verdadera dimensión de las enseñanzas de Jesús para las que no estamos preparados, porque la mentalidad del mundo es más fuerte y viva y constante.

Como bien escribe Pagola:
“Sin el Espíritu, Dios se ausenta,
Cristo queda lejos como un personaje del pasado,
el Evangelio es letra muerta,
la Iglesia pura organización,
la esperanza es reemplazada por la institución,
la misión se reduce a propaganda,
la liturgia se congela,
la audacia evangélica desaparece”.

El Espíritu Santo es el que nos guía hacia esa verdad plena.
Una verdad que fue sembrada en semillas por Jesús, pero que está llamada a crecer y a desarrollarse. Sin su acción nos quedamos en el pasado.
Por eso una de las funciones del Espíritu Santo es “comunicarnos lo que está por venir”.

La verdad nunca estará plenamente hecha.
La verdad se va haciendo cada día al ritmo de los acontecimientos, de los nuevos cambios, de la nueva cultura. Realidades que ni eran pensables en tiempos de Jesús.
Por eso es el Espíritu es el que:
Dinamiza la Iglesia.
Actualiza a la Iglesia.
Hace peregrina a la Iglesia.
Pone al día a la Iglesia.
Inspira los cambios necesarios para entender hoy el Evangelio.

Quien tiene miedo a nuevas lecturas del Evangelio hoy, no tiene el Espíritu.
Quien tiene miedo a los cambios de la Iglesia hoy, no cree en el Espíritu.
Quien tiene miedo y se resiste a las actualizaciones de la Iglesia, no actúa bajo la acción del Espíritu.

Por eso, “El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará”.
Escuchar al Espíritu es escuchar lo que Jesús quiere decir “hoy” a su Iglesia y a cada uno de nosotros.

Clemente Sobrado C.P.

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