Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Viernes de la 7 a. Semana – Ciclo C

“Después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?” El le contestó: “Si, Señor, tú sabes que te quiero”.
Jesús le dice: “Apacienta mis corderos”.
Por segunda vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” El le contesta: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”.
El le dice: “Pastorea mis ovejas”.
Por tercera vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” “Apacienta mis ovejas”. (Jn 21,15-19)

Alguien escribió: “Cuando quieras pedirle algo a tu padre hazlo después que almuerce bien, tome su café y fume su purito. Y verás que no te lo negará”.
No quiero pensar esto de Jesús.
Todos los tiempos son oportunos para examinarnos del amor.
Jesús, antes de declarar a Pedro, como el Pastor de su rebaño que es la Iglesia, no le examina:
Ni de teología.
Ni de Sagrada Escritura.
Ni de Derecho Canónico.
Ni de matemáticas, o química o física, ni de historia.
Le examina solo de una cosa: “del amor”.

Porque para ser buen pastor está bien ser Doctor en Teología.
Está bien tener un Doctorado en Derecho Canónico.
Está bien tener otros títulos académicos.
Pero todos ellos sirven de poco para “ser un buen Pastor”, si desaprueba en el amor.

Jesús se declaró a sí mismo el “Buen Pastor” porque fue capaz de “dar su vida por las ovejas”.
Por eso, los que luego continúen su misión de “buenos pastores” han de ser examinados no de lo que saben, sino de “cuánto aman”, “de si aman de verdad hasta dar sus vidas”.

Los pastores tendrán la misión de conservar la fidelidad a la verdad.
Los pastores tendrán la misión de enseñar la verdad.
Los pastores tendrán la misión de que aprendamos teología.
Pero el verdadero pastor, ayer como hoy:
Tiene que distinguirse por el amor.
Tiene que distinguirse por lo mucho que ama.
Tiene que distinguirse por amar a todos.
La misión del “pastoreo y cuidado de los corderos y las ovejas” Jesús no la confía al “saber”, sino al “amar”.

La formación de los futuros pastores tendrá que ser doctrinal, claro que sí.
Pero sobre todo, tiene que ser una formación en el amor.
En mi tiempo, si uno suspendía en latín, no valía para sacerdote.
Hoy, es posible que el que suspenda en teología, tampoco pueda seguir adelante.
Pero ¿alguien nos examina del amor?
A mí, que sepa yo nadie me examinó de “si amaba”.
Me pusieron nota en teología, en Escritura, en Derecho y otras materias más.
¿Alguien me puso nota en mi capacidad de amar?

Y hoy, cuando se trata de elegir a los Pastores ¿alguien les examina del amor?
Muchos problemas existen hoy en la Iglesia con motivo de la elección de los Pastores.
Que si es de aquí o de allí.
Que si habla esta o aquella lengua.
Que si pertenece a esta o aquella cultura.
Pero lo que todavía no logro observar es que las protestas y los interrogantes provengan de si “es alguien que ama de verdad”.

Entiendo la importancia pastoral de la mentalidad cultural del pastor.
Pero mucho más importancia doy a si es una persona con un corazón “grande para amar”.
Necesitamos pastores sabios. Pero, sobre todo, necesitamos de “pastores que se distingan por su capacidad de amar”.

Clemente Sobrado C.P.

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