Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Pentecostés – Ciclo C

“Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban: “¿No son galileos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa?” (Hch 2,1-11)

Disculpen que hoy, piense “en Pentecostés y los ancianos”, porque, de alguna manera, todos nos imaginamos que eso del Espíritu Santo es para gente joven, como si los ancianos no necesitasen ya de él.
El Espíritu Santo está en toda la Iglesia.
Y los ancianos también son Iglesia.
El Espíritu Santo habla a toda la Iglesia.
Luego también habla a los ancianos.
Todos estamos llamados a renovarnos.
Los ancianos también.
El Espíritu Santo rejuvenece a la Iglesia.
También los viejos pueden rejuvenecerse.

El Espíritu Santo es el que nos recrea a todos como hombres nuevos.
¿Y acaso los ancianos no están llamados a ser los hombres nuevos, incluso envejecidos, de la Iglesia.
El Espíritu Santo confiere la continuidad de la Misión de Jesús, ¿acaso los ancianos no están llamados también a continuarla desde sus posibilidades, por más que estén en el atardecer de la vida?
No olvidemos la parábola de aquel que buscaba obreros para sus campos.
Hubo llamadas de primera hora, las hubo a media mañana, al mediodía, a media tarde y cuando ya la tarde iba de caída.
Todas las horas son buenas para sentir la llamada del Señor.
Todas las personas son capaces de escuchar esta llamada a cualquier hora.

No todos tenían la misma edad el día de Pentecostés. Los había más jóvenes y menos jóvenes y sobre todos vino el Espíritu Santo.
Y todos fueron transformados.
Y todos asumieron cada uno su propia misión.

¿Acaso los ancianos no tienen la misma capacidad para ser renovados por el Espíritu y ser dotados de los dones del Espíritu? Y los frutos del Espíritu los conocemos por Pablo:
“El amor”. También los ancianos tienen un corazón capaz de amar y ser amados.
“Alegría”. También los ancianos tienen su sonrisa y su capacidad de revelar el gozo y la placidez del atardecer de la vida.
“Paz”. También los ancianos viven esa paz del espíritu, y son agentes de paz en los hogares y en la sociedad. Un anciano en casa, es el signo de la serenidad, la tranquilidad y la paz.
“Paciencia”. También los ancianos tienen capacidad para saber serenarse y tomar las cosas con tranquilidad. A veces sus males los alteran. Pero aún así bajo esas manifestaciones corre un río de paz.
“Afabilidad”. ¿Quién ha dicho que los ancianos no tienen ese don fruto de la bondad y serenidad de su corazón?
Si no, pregúntele a los nietos cómo se sienten con los abuelos.
“Bondad”. En el corazón del anciano el atardecer de la vida les regala esa bondad natural y también la bondad fruto del Espíritu en ellos.
“Fidelidad”. También ellos están llamados a seguir siendo fieles a sí mismos, fieles a su bautismo, fieles a su fe y fieles a su esperanza. (Gal 5,22)

Por eso, Pentecostés, también es la fiesta de los que van por delante y cuya única ventaja es que han nacido antes y están llamados también a llegar antes.
Que el Espíritu Santa les consuele a todos en sus limitaciones y les regale la alegría de la vejez, que es la alegría de acercarse también más a Dios.
El Espíritu es de todos, también de los que ya hemos caminado mucho en la vida y el calendario nos va robando cada día un pedacito de la misma.

“Ven Espíritu Santo y enciende el fuego de tu amor”.

Clemente Sobrado C. P.

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