Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 7 a. Semana – Ciclo B

“Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros” Jesús respondió: “No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. (Mc 9,38-40)

En la vida todos tenemos mucho que hacer.
Nadie tiene la exclusiva sino que cada uno tiene su propia misión.
Pero sentir el gusto de lo propio no significa excluir a los demás.
El Papa Francisco decía en su visita a América Latina:
“Debemos reconocer el papel específico de las religiones en el desarrollo de la cultura y los beneficios que puedan aportara la sociedad. Los cristianos, en particular, como discípulos de la Bueno Noticia, somos portadores de una mensaje de salvación que tiene en sí mismo la capacidad de ennoblecer a las personas, de inspirar grandes ideales capaces de impulsar líneas de acción que vayan más allá del interés individual, posibilitando la capacidad de renuncia a favor de los demás, la sobriedad y las demás virtudes que nos contienen y nos unen”. (La Paz, 8 de julio 2015)
No se trata de excluir a nadie sino de incluir a todos, sin que cada uno pierda su propia identidad.

¡Cuánto nos cuesta aceptar el bien que hacen los otros, si no piensan como nosotros!
¡Cuánto nos cuesta aceptar el bien que hacen los otros, si no son de nuestra Iglesia!
¡Cuánto nos cuesta aceptar el bien que hacen los otros, si no son creyentes!

Nos encanta levantar muros entre nosotros.
¡Con lo maravilloso que es tender puentes!
Nos encanta levantar muros que dividen.
¡Con lo maravilloso que es derribar todo lo que separa!
¡Con lo maravillo que es unir fuerzas!

Hablamos mucho de la familia humana.
Pero cuántas grietas y cuantos muros de separación.
Nos separa el color de la piel y la condición social.
Nos separa la política y la economía.
Nos separa incluso la religión.

¡Cuántos siglos hemos vivido divididos y enemistados con nuestros hermanos separados! ¡Cuántos insultos entre las distintas Iglesias!
¡Cuánto odio incluso hoy entre las distintas confesiones y religiones!
¡Cuántos muertos por atentados con coches bomba en las Iglesias!

Algo parecido les sucedía a los Discípulos.
“Hemos visto a uno que hacía milagros en tu nombre, y se lo hemos prohibido”.
¿Razón? “No es de los “nuestros”.
Es dura, pero qué cierta es la frase de Martini: “A veces los no creyentes están más cerca de nosotros que muchos de nosotros entre nosotros mismos”.

Y sin embargo:
¡Cuánta bondad y justicia hay fuera de la Iglesia!
¡Cuánta comprensión y amor hay fuera de la Iglesia!
¡Cuántos luchan por construir la paz y no son de la Iglesia!
¡Y hasta es posible que no tengan fe en Dios!
Pero, aún ellos tienen un gran corazón.

Dios envía el sol para todos: buenos y malos.
Envía la lluvia para los creyentes y los que no creen.
Y ama incluso a aquellos que no creen en él.
Dios no es excluyente.
Dios es incluyente.
Dios no divide sino que une.

Estoy seguro que muchos que parece que “no son de los nuestros”, son realmente “de los nuestros”.
Los que dieron de comer, vistieron a los desnudos, visitaron a los enfermos, no lo hicieron pensando en Dios, sino por amor a los hombres.
Creían en un Dios que desconocían.
En el fondo, amaban a un Dios que ignoraban.
Amaban a Dios encarnado y oculto en los más necesitados.

Podemos pensar distinto. Pero no por eso tenemos que excluirnos.
No tenemos la exclusiva de la verdad. También los demás piensan.
Podemos tener criterios diferentes. No por eso nos tenemos que marginarnos.
¿Acaso en la misma Iglesia todos pensamos lo mismo?
¿Acaso en la misma Iglesia todos tenemos los mismos criterios?
¿No ha habido en la Iglesia distintas “escuelas de teología”.
Lo distinto no debe excluir a nadie.
La distinto puede ser una fuente de enriquecimiento mutuo.

Jesús nos dejó como mandato: “amos los unos a los otros”.
Y no dijo “armaos los unos contra los otros”.
Tampoco dijo que “excluyésemos a los demás”.
Al que hace el “bien” “no se lo prohibáis”.
No pertenecerá a la Iglesia pero también en él está actuando la gracia de Dios.

Clemente Sobrado C. P.

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