Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: La Santísima Trinidad – Ciclo C

“El me glorificará porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará”. (Jn 16,12-15)

Habla el Papa Francisco:

“Hoy es Domingo de la Santísima Trinidad. La luz del tiempo pascual y de Pentecostés renueva cada año en nosotros la alegría y el asombro de la fe: reconocemos que Dios no es algo vago, nuestro Dios no es un Dios spray, es concreto, no es abstracto, sino que tiene una nombre: “Dios es amor”. No es un amor sentimental, emocional,
sino el amor del Padre que es la fuente de toda la vida,
el amor del Hijo que muere en la cruz y resucita,
el amor del Espíritu, que renueva al hombre y al mundo.
Y pensar que Dios es amor, nos hace bien, porque nos enseña a amar, a entregarnos a los demás como Jesús mismo se dio por nosotros y camina con nosotros. Y Jesús camina con nosotros en el camino de la vida.

La Santísima Trinidad no es el producto de razonamientos humanos, es el rostro con el que Dios se ha revelado a sí mismo, no desde lo alto de un trono, sino caminando con la humanidad.
Es Jesús quien nos ha revelado al Padre y quien nos ha prometido el Espíritu Santo. Dios ha caminado con su pueblo en la historia del pueblo de Israel y Jesús caminó siempre con nosotros y nos prometió el Espíritu Santo, que es fuego, que nos enseña todo lo que no sabemos, que nos guía en nuestro interior, que nos da buenas ideas y buenas inspiraciones.
Hoy alabamos a Dios, no por un misterio particular, sino por Sí mismo, “por su inmensa gloria”, como dice el himno litúrgico. Lo alabamos y le damos las gracias porque Él es Amor, y porque nos llama a entrar en el abrazo de su comunión, que es la vida eterna”.

Claro que le hemos puesto un título que solo los intelectuales deben entender.
Si mal no recuerdo el dogma de la Trinidad se fijó en la Iglesia el año 381 en el Concilio Constantinopolitano.
Y así quedó grabado en el Credo que rezamos cada domingo:
Creo en Dios Padre.
Creo en Dios Hijo.
Creo en el Espíritu Santo.
Y para que no se quedase tan solito le hemos añadido:
Creo en la Iglesia una santa, católica y apostólica.

Como los hijos no entendemos mucho, yo prefiero decirte:
¡Felicidades, papá Dios!
¡Felicidades, Dios Hijo, nuestro hermano!
¡Felicidades, Dios Espíritu Santo, vivificador de nuestras vidas!

Felicidades, en tu día, porque gracias a Ti, tenemos el don de la vida.
Felicidades, en tu día, porque gracias a Ti, nos has hecho hijos en tu Hijo.
Felicidades, en tu día, porque gracias a Ti, nos has regalado nueva vida en tu Espíritu.

No. No tenemos regalos que ofrecerte.
Nuestro regalo en tu día, papá Dios es devolverte lo que tú mismo nos has regalado.
Te ofrecemos lo que tú mismo nos has dado.
Te ofrecemos nuestra adoración al misterio que no entendemos.
Te ofrecemos nuestra admiración por lo maravilloso que eres.
Te ofrecemos nuestro cariño, que es parte del amor con que nos amas.
Te ofrecemos nuestro reconocimiento como al Padre que tenemos en el cielo.
Te ofrecemos nuestras vidas que queremos sean la revelación de tu amor.
Te ofrecemos la bondad de nuestro corazón, que tú mismo nos has regalado.
Te ofrecemos el amor que tú mismo has derramado en nuestros corazones.

Lo siento, pero queremos decirte algo al oído: Algunos dicen que Tú no existes.
Nosotros queremos confesarte ante el mundo.
Nosotros queremos decir al mundo que tú eres nuestro Padre.
Nosotros queremos testimoniarte con nuestras vidas.
Nosotros queremos testimoniar que, sin ti, nosotros no podemos existir.
Nosotros queremos confesar ante el mundo que, sin ti, nuestras vidas no tienen sentido.
Nosotros queremos confesar que Tú eres la razón de nuestras vidas.

Ya ves, Papá Dios:
Lo único que tenemos es porque tú nos lo has regalado.
Lo único que somos es lo que tú has hecho en nosotros.
Lo único que da razón a nuestras vidas es el amor que nos tienes.

Por eso, hoy que celebramos tu día: No esperes cajas de regalos.
Recíbenos a nosotros como único regalo. Y danos la alegría con la que hoy podemos confesarte: Creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en el Espíritu Santo.

Tu Hijo nos dijo: “Todo lo que tiene el Padre es mío”.
Y como él queremos decirte: “Todo lo que somos y tenemos es regalo del Padre”.
¡Gracias, papá Dios, y que sigamos celebrando tu día muchos años más!

Clemente Sobrado C. P.

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