Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 8 a. Semana – Ciclo C

“Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme” A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico”. (Mc 10,17-27)

Comentando el pasaje del “joven rico” el Papa Francisco dijo:
“Las riquezas tienen la capacidad de seducir, de llevarnos a una seducción y hacernos creer que estamos en un paraíso terrestre”. Sin embargo, ese paraíso terrestre es un lugar sin horizonte, ha indicado el Papa. “Vivir sin horizonte es una vida estéril, vivir sin esperanza es una vida triste. El apego a las riquezas nos entristece y nos hace estériles”, ha precisado. Y ha explicado que utiliza el término “apego” y no “administrar bien las riquezas”, porque las riquezas son para el bien común, para todos”.

De golpe, “la alegría y la esperanza” en ese joven rico desaparecen, porque no quiere renunciar a su riqueza. Por eso, “el apego a las riquezas está en el inicio de todo tipo de corrupción, por todas partes:
corrupción personal,
corrupción en los negocios,
también en la pequeña corrupción comercial, de esa que quita 50 gramos al peso exacto,
corrupción política, corrupción de la educación…”.
Y ¿por qué?. “Porque los que viven apegados a los propios poderes, a las propias riquezas, se creen en el paraíso. Están cerrados, no tienen horizonte, no tienen esperanza. Al final tendrán que dejar todo”.

Todos llevamos dentro muchas ilusiones, muchas esperanzas.
Todos somos como esos árboles floridos en primavera.
Todos quisiéramos ser mejores. Todos quisiéramos se santos.

¡Y pensar que ese mundo de ilusiones se puede venir abajo porque solo “nos falta una cosa”! Este joven del Evangelio lo tenía todo. Pero en su corazón había otras ilusiones.
Y se acercó corriendo a Jesús. Preguntándole ¿qué tenía que hacer para lograr la plena felicidad?
Llegó corriendo como quien tiene prisa.
Se puso de rodillas como quien implora de corazón.
Y hasta Jesús “se le quedó mirando con cariño”.
Y hasta es posible que también Jesús soñase con un estupendo discípulo.

Pero, todo ese mundo de ilusiones se vino abajo: “Una cosa te falta: vende lo que tienes y el dinero dáselo a los pobres”.
La Ley puede hacernos buenos, pero no generosos.
La Ley puede hacernos buenos, pero no discípulos.
A Jesús no se le puede seguir con la billetera llena.
A Jesús no se le pude seguir con tarjetas de crédito.
A Jesús no se le puede seguir llevando la casa, los muebles y los campos a cuestas.

Lo primero para seguir a Jesús es “dejar lo que tenemos”.
Los primeros discípulos dejaron las barcas, las redes y hasta al padre.
Y tampoco se pueden dejar asegurados, por lo que pueda pasar en la vida.
Hay que darlo a los pobres.
Y hasta ahí no llegaba la bondad y generosidad de este joven ilusionado.
Quería algo más, pero con todo lo que tenía.
Quería hacer algo más, menos darlo todo a los pobres.

¡Cuantas ilusiones se marchitan en nuestros corazones por no saber desprendernos de lo que tenemos!
¡Cuántos matrimonios fracasan porque no estamos dispuestos a renunciar a la libertad de solteros!
¡Cuántos matrimonios fracasan porque no estamos dispuestos a renunciar a ciertas amistades!
¡Cuántos matrimonios fracasan porque no estamos dispuestos a renunciar a los amigos de fin de semana!
¡Cuántos matrimonios fracasan porque no estamos dispuestos a renunciar al licor!
¡Cuántos matrimonios fracasan porque no estamos dispuestos a renunciar a nuestro orgullo!

¡Cuántos hombres y mujeres fracasan en la vida porque son incapaces de arriesgarse!
¡Cuántos jóvenes fracasan porque no se atreven a tomar en serio sus estudios!
¡Cuántas vocaciones fracasan porque no se atreven a poner su futuro en riesgo!
¡Cuántas vocaciones fracasan porque no se atreven a poner sus vidas al servicio de los demás!
¡Cuántas vocaciones fracasan porque no se atreven a dedicar un rato de tiempo al día para escuchar a Dios!

Hay demasiados fracasos:
Porque nos falta valentía.
Porque nos falta riesgo.
Porque nos falta generosidad.
Porque nos falta fiarnos de Dios.
Porque nos falta fiarnos de la fe.

¡Cuántos fracasos en la vida, sencillamente porque “solo nos falta una cosa”!
Tal vez por no “tomarla en serio nuestro futuro”

Clemente Sobrado C. P.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s