Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 8 a. Semana – Ciclo C

“Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y los grandes los oprimen. Vosotros nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan sino para servir y dar su vida en rescate de todos”. (Mc 10,32-45)

Nos cuesta ceder el pasado cuando vamos por la calle.
Por eso hay tantos choques.
Nos cuesta alabar a los demás para que asciendan, al contrario preferimos serrucharles el piso.
¿Conoces a muchos que cedan el paso para que otros suban más?
El Papa Francisco se lo ha dicho muy claro a los Cardenales: que no se trata de ascensos, de subir más alto, sino de servir a los demás.

Los tiempos no han cambiado gran cosa ni en el mundo ni en la Iglesia.
Ya los discípulos tenían sus aspiraciones de grandeza.
Ya entonces discutían sobre cuál de ellos tenía que ser el primero.

Y lo curioso es la forma misma con la que hablan con Jesús:
Mientras él les va hablando de que “estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdote y escribas”, Santiago y Juan como que lo llaman a parte, no para disuadirlo, sino para hacerle una petición:
“Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir”.
“Qué queréis que hagas por vosotros”.
“Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”.
Piden como si tuviesen ciertos derechos.
Piden como si tuviesen razones particulares.
Piden como si tuviesen motivos para que acceda a su petición.
Lo de “se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán”, no les afecta demasiado. Les interesan más los primeros sillones del Reino.

Me parece vulgar utilizar la amistad con Jesús para buscar “ascender puestos”.
Si hay algo que nos empobrece, es utilizar la religión para “subir”.
Y hasta me parece vergonzoso utilizar a la Iglesia para aspirar a “estar más arriba”.

La religión no es para ocupar los primeros lugares.
La Iglesia no es para luchar disimuladamente por los primeros puestos.
Ni la religión ni la Iglesia han de ser escalera para subir más que los demás.
Y si alguien pretende utilizar la religión o la Iglesia para estar arriba, que escuche atentamente la respuesta de Jesús: “No sabéis lo que pedís”.

Nadie aspira ser el primero para servir a los demás.
Los que aspiran a ser jefes terminan “tiranizando” y “oprimiendo”.
Los que aspiran a ser jefes terminan sintiéndose más que los demás.
Los que aspiran a ser jefes terminan sintiéndose dueños de los de abajo.
Los que aspiran a ser jefes terminan pisando a los demás.
Y Jesús es claro y tajante para que lo entendamos todos:
“Nada de eso entre vosotros”.
“Nada de eso en el Reino”.
“Nada de eso en la Iglesia”.
“Nada de eso en los que dicen seguirme”.

La tentación de ser los primeros no es solo tentación de la gente del mundo.
La tentación de ser los primeros es también tentación de la Iglesia.
Comenzó por ser tentación en los primeros seguidores de Jesús.
La única tentación válida en la Iglesia es la de “amar más que los demás”.
La única tentación válida en la Iglesia es la de “ser siervos de los demás”.
Todo lo que pase de ahí: “Nada de eso entre vosotros”.

El ansia de ser primeros:
No solo contradice el seguimiento de Jesús: “el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan sino para servir y dar su vida en rescate por todos”.
Sino que también crea:
Malestar en el resto de seguidores.
Malestar en el resto de discípulos.
Malestar dentro de la Iglesia.
Malestar y división entre la gente y los pueblos.

Lo cual nos está diciendo:
Que no solo buscan el poder los dos que se atreven a pedirlo.
Sino que también los que callan, y lo ansían en su corazón.
Es fácil acusar a los que buscan el poder en la Iglesia.

¿Seremos inocentes los que callamos pero llevamos un corazón con ansias de poder?
Me dan pena los dos que expresan sus ansias de ser más.
Pero no me dan menos pena los que sin decirlo también lo llevan en su corazón.
¿Y alguien se siente realmente siervo?
¿Alguien siente su vocación de dar su vida por los demás?
Es fácil escandalizarse de los demás.
Hasta que descubrimos la verdad de nuestro corazón.
Y ojalá haya menos escándalos y haya más sinceridad con nosotros mismos.
“Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan”.
No pensaban distinto, solo que no lo decían.

Clemente Sobrado C. P.

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