Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 8 a. Semana – Ciclo C

“Exclamó Jesús: “Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y a los astutos y se las has revelado a la gente sencilla.¡Sí, Padre. Tú lo has querido así!” (Mt 11,25-30)

Celebramos hoy la memoria de Santa Mariana de Jesús Paredes.
Da gusto escuchar al Papa Francisco.
Habla para los sencillos, para que todos le entiendan.
Da gusto leer sus documentos.
No están escritos por los grandes intelectuales sino para el pueblo sencillo.
Dice las verdades en un lenguaje que todos pueden entender.
Los que saben mucho y los que saben poco.
Hasta ahora estábamos acostumbrados a grandes Documentos, solo para teólogos e intelectuales.
Ahora escribe y habla para todos.

Esto me hace recordar el Evangelio de hoy.
Tampoco Jesús hablaba para teólogos, sino para el pueblo pobre y sencillo.
Y por eso mismo Jesús siente ese gozo de cómo los sencillos abren su corazón.
Mientras siente las resistencias de los sabios y entendidos.
Mientras siente cómo se cierran los corazones de los grandes.
Mientras siente cómo es vigilado y perseguido por los jefes.
Siente cómo la gente sencilla abre su corazón al Evangelio.
Siente cómo la gente sencilla le sigue y lo busca.

El Papa Francisco lo expresó muy bien en su Exhortación El Gozo del Evangelio:
“Si la Iglesia entera asume este dinamismo, debe llegar a todos, sin excepciones.
Pero ¿a quienes debería privilegiar?
Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente:
No tanto a los amigos y a veces ricos,
Sino sobre todo a los pobres y enfermos,
A esos que suelen ser despreciados y olvidados,
A aquellos que “no tienen con qué compensarle”.
No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro,
Hoy y siempre, “los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio”
Y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer.
Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres.
Nunca los dejemos solos”. (EG 48)

El Evangelio es para todos, ricos y pobres.
Pero tenemos que reconocer los ricos tienen más dificultad en aceptarlo.
En cambio la gente pobre y sencilla tiene un corazón siempre más disponible.
Los ricos tienen el corazón más lleno.
Lo pobres lo tienen más vacío.

Jesús siente ese gozo de cómo la gente sencilla está más disponible para abrir sus corazones al anuncio del reino.
En tanto que los grandes sabios tienen su cabeza llena de otro modo de pensar.
También el Evangelio es para ellos.
Pero tendrán que purificar más su mente y su corazón.
Y tendrán que renunciar a demasiado intereses que no están en la línea del Evangelio.
Por eso mismo Jesús nos dice: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo os aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso en sus vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Clemente Sobrado C. P.

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