Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sagrado Corazón de Jesús

“Si uno tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: “¡Felicitadme! He encontrado la oveja que se me había perdido”. (Lc 15,3-7)

La Liturgia celebra hoy:
La fiesta del Corazón de Jesús.
La fiesta del corazón de Dios.
La fiesta del amor de Dios.
La fiesta de los descarriados que se extravían en el mundo.

En la Bula convocatoria del Jubileo de la misericordia, el Papa Francisco dice:
“En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y misericordia. Conocemos estas tres parábolas, tres en particular: la oveja perdida y la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos (Lc 15,1-32)
En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona.
En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo lo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón”. (Bula n 9)

Si nos ponemos a pensar, Dios es cada día sorprendente:
Comenzó oliendo a pesebre y heno de animales al nacer.
Ahora sus hombros y sus vestidos huelen a oveja extraviada en el monte.
Ahora sus hombros huelen a lana de oveja perdida y encontrada.
Dios ya sabe cómo pesan las ovejas sobre sus hombros.
Dios ya sabe cómo pesan sobre sus hombros las ovejas extraviadas.
Ahora Dios ya sabe cómo pesan sobre sus hombros cuando cargan la oveja perdida. ¡Un Dios oliendo a lana sucia de oveja!
Lo mismo que pide el Papa Francisco a los Pastores: “que huelan más a oveja”.

A Dios se lo conoce en su misericordia cargando ovejas perdidas.
Al corazón de Dios se le conoce, cuando sentimos el dolor de su corazón, cuando se extravía cualquiera de nosotros.
Al corazón de Dios se le conoce, cuando lo vemos, cansado, monte arriba buscándonos cuando nos hemos perdido.
Al corazón de Dios se le conoce, cuando vemos su alegría, al encontrarnos.
Al corazón de Dios se le conoce, cuando vemos con qué cariño llama al extraviado para acariciarlo.
Al corazón de Dios se le conoce, cuando con cariño nos levanta con sus manos y nos echa sobre sus hombros.
Al corazón de Dios se le conoce, cuando tiene la delicadeza de llevarnos sobre sus hombros, en vez de hacernos caminar camino de casa.
Al corazón de Dios se le conoce, cuando vemos que se trata de una oveja cualquiera del rebaño, una oveja anónima.
Al corazón de Dios se le conoce, por su alegría compartida cuando nos ve de nuevo en casa.
Al corazón de Dios se le conoce, cuando prefiere que sus hombros huelan a oveja perdida, que a perfume parisino.

Siempre hablamos del dolor de Dios cuando nos extraviamos.
Me gusta más hablar de las alegrías del corazón de Dios cuando nos encuentra.
Me gusta más hablar de las alegrías del corazón de Dios no cuando nosotros le encontramos sino cuando nos encuentra él.
Me gusta más hablar de las alegrías del corazón de Dios cuando no espera a que volvamos sino que es él quien sale a buscarnos.
Me gusta más hablar de las alegrías del corazón de Dios cuando convierte en noticia el habernos encontrado.
Me gusta más hablar de las alegrías del corazón de Dios cuando convierte en noticia del barrio el hecho de que de nuevo estemos en casa: “¡Felicitadme! He encontrado la oveja que se me había perdido”.

Una sola oveja que se extravía conmueve el corazón de Dios.
Una sola oveja que se extravía y la encuentra es capaz de alborotar el cielo.
Una sola oveja que se extravía y se encuentra es capaz de alborotar a la Iglesia entera.

Gracias, Señor, porque cuando me extravié me buscaste.
Gracias, Señor, porque cuando me extravié me cargaste sobre tus hombros.
Gracias, Señor, porque cuando me extravié no dejaste de amarme.
Gracias, Señor, porque cuando me extravié y me enc0ntraste hiciste fiesta por mí.

Clemente Sobrado C. P.

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