Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 10 a. Semana – Ciclo C

“Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra con ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda”. (Mt 5,20-26)

Muchos tienen problemas para ir a Misa, porque aún no han descubierto su importancia.
Hasta ahora se nos insistía en que “tenemos que llegar a tiempo”.
Porque muchos se contentan con llegar a los postres.
Que hay que llegar a tiempo es claro.
Pero Jesús hoy nos complica un poco más las cosas.
Digámoslo de esta manera:
Siempre nos insisten en que es preciso llegar a tiempo a Misa.
Y son muchos los que llegan a la hora de la homilía, a pesar de todo.
Y son muchos los que se quedan tranquilos si llegan pasadas las lecturas de la Palabra de Dios.
Hoy ya algunos comienzan a confesarse de haber llegado cuando ya estaban leyendo el Evangelio. Algo vamos avanzando.
Cuando alguien me pregunta desde qué momento se puede decir que escucho misa, yo siempre respondo lo mismo: “desde el comienzo”.

Yo sé que muchos llegan tarde a Misa por dejadez y falta de interés.
Otros porque el tráfico nos les permitió llegar antes.
Otros porque no encontraban donde aparcar el carro.
Y no faltan los que digan que se les bajó la llanta.

Si prestamos atención al veremos que ni siquiera basta llegar a tiempo, que se requiere otra cosa:
Solo justificaría llegar tarde a Misa el ir a reconciliarme con mi hermano.
Solo justificaría llegar comenzada la Misa, cuando he tenido que ir a hacer las paces con mi hermano.
Solo justificaría llegar después del Evangelio, cuando he tenido que volver a buscar a mi hermano que tiene algo contra mí.
Solo justificaría llegar tarde a Misa, la reconciliación y el perdón entre hermanos.

Lo dice Jesús: “si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar”, es decir, si has llegado a tiempo, pero sientes que entre tú y tu hermano hay enemistad, vete, deja ahí mismo tu ofrenda y reconcíliate con él, aunque luego llegues tarde.

Lo que significa:
Que el culto sin la caridad fraterna, vale de poco.
Que el culto con la enemistad en el corazón, no sirve de nada.
Que el culto Dios es importante, pero cuando asistimos con el amor fraterno en el corazón.
Que el culto a Dios es importante, pero preferible llegar tarde si es por razón del perdón.
Que el culto a Dios es importante, pero más importante es la reconciliación con aquellos con quienes no nos hablamos, porque estamos enemistados.
Que el culto a Dios es importante, pero más importante es que vayamos a pedirle perdón a nuestro hermano a quien hemos herido u ofendido.

Dicho de otra manera:
El culto es importante.
Pero más importante es la caridad.
El culto es importante.
Pero más importante es el perdón.
Que el culto es importante.
Pero más importante es la reconciliación fraterna.
El verdadero culto es el amor fraterno.

La razón es muy simple:
El culto a Dios, con el odio o la enemistad con el hermano, no llega a Dios.
El culto a Dios, sin el amor al hermano, está vacío.
¿De qué me sirve comulgar a Dios, si luego no comulgo con mis hermanos?
¿De qué me sirve comulgar fervorosamente a Dios, si mi corazón no es capaz de perdonar?
¿De qué me sirve comulgar con fervor, si no soy capaz de pedir perdón a mi hermano?
¿De qué me sirve comulgar con fervor, si luego no me hablo con mi hermano?
¿De qué me sirve buscar la comunión con Dios si excluyo la comunión con mi hermano con el que no me hablo?
Donde no cabe el hermano tampoco cabe Dios.
El amor y el perdón son los que hacen sitio a Dios en mi corazón.

Bueno, amigos, lo único que justifica llegar tarde a Misa es: la reconciliación con aquellos con quienes estamos enemistados.
Dios prefiere el amor y la comunión con el hermano que el culto, aunque sea una misa muy solemne.
La Misa es comunión con Dios, pero también con los hermanos.
No se da una verdadera comunión sin la reconciliación con aquellos con quienes estamos enemistados, no nos hablamos o evitamos encontrarnos.
Es que no hay verdadero amor a Dios, sin el amor al hermano.
La ofrenda que agrada a Dios es ver reconciliados a sus hijos.
La ofrende que agrada a Dios es ver que sus hijos se aman.
El verdadero culto es el amor reconciliado.

Ya saben, ahora ya tienen un motivo para llegar tarde a Misa.
Aprovéchenlo, es su oportunidad.
Que nadie salga de la Misa con el “corazón enemistado”.
Habrás cumplido con el precepto dominical, pero nos has vivido de verdad la Misa.

Clemente Sobrado C. P.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s