Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 10 a. Semana – Ciclo C

Dijo Jesús a sus discípulos: “Habéis oído el mandamiento de “no cometerás adulterio”. Pero yo os digo: “El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior”. (Mt 5,27-32)

Cuando Juan Pablo II en sus Catequesis de los miércoles se atrevió a decir que “también se podía dar violación en el matrimonio” y que “también se podía cometer adulterio con el corazón, por más que nunca se llegase al adulterio físico”, la prensa se le echó encima.
Y no es que dijese nada particular.
Simplemente citó las palabras de Jesús.
Y además quiso demostrar que el verdadero pecado no está fuera sino dentro del corazón.
Lo dirá Jesús de otra manera: “No es lo que entra de afuera sino lo que sale de dentro lo que mancha al hombre”.

El Papa siguió sus comentarios al margen de toda la chismografía.
El Papa no dijo nada nuevo.
El Papa no hizo sino repetir lo que dijo Jesús.
Y lo que dijo Jesús es algo muy sencillo:
Se puede cumplir la ley materialmente.
Pero se puede incumplir la ley interiormente.
Que el que comete adulterio no es solo el cuerpo.
Que el que comete adulterio suele ser siempre el corazón.
Que el que peca no es el cuerpo sino el corazón.
No se puede estar físicamente en casa y con el corazón en la calle.

Lo que Jesús nos dice es:
Que es preciso la coherencia entre lo exterior y lo interior.
Que es preciso la coherencia entre la mente y el cuerpo.
Que es preciso la coherencia entre el deseo del corazón y el cuerpo.
Que es preciso la coherencia entre lo de dentro y lo de fuera.
Que la verdad o la mentira la llevamos dentro.

Jesús interpreta la Ley:
“No cometerás adulterio”.
Pero la complementa:
No basta cumplirla materialmente.
Hay que cumplirla interiormente.
Hay que tener un corazón fiel para que sea fiel el cuerpo.
Hay que tener un corazón limpio para ver a la mujer como persona y no como objeto de deseo.
Hay que tener un corazón limpio para que todo lo veamos limpio.

La infidelidad mancha las relaciones conyugales.
La fidelidad nos permite mirarnos a los ojos con verdad.
La fidelidad nos permite hablarnos con sinceridad.
La fidelidad nos permite hablarnos con claridad y sin rodeos.
Es maravilloso ser niño, porque miran con ojos inocentes.
Es maravilloso ser esposos cuando pueden mirarse con ojos limpios.
Es maravilloso ser esposos y no tener nada que esconder y ocultar.
Es maravilloso ser esposos y no tener miedo a que el otro pueda ver nuestro corazón.
Es maravilloso poder salir a la calle y mirar sin deseos morbosos sino con mirada limpia.

Pero para ello:
No basta con evitar el adulterio físico.
Es preciso cambiar la actitud del corazón.
No es un mandamiento negativo y prohibitivo.
Es un mandamiento positivo que nos cambia interiormente.
Y nos devuelve la alegría de la fidelidad.
Y nos devuelve la alegría de vivir los dos en la verdad de nuestro amor.

Está bien lo de “antes se dijo”.
Pero está mejor el “yo os digo”.
Esa es la manera en la que Jesús no elimina la ley sino que la lleva a plenitud.

Clemente Sobrado C. P.

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