Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 11 a. Semana – Ciclo C

“Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman, ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!” (Mt 6,19-23)

¿Quieres saber dónde está tu corazón?
“Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón”.
¿Lo tendremos dentro de nosotros o en las “Cajas fuertes”?

Para ello tendremos que preguntarnos:
¿Dónde atesoramos nosotros?
Los Bancos están a la espera de nuestros dineros.
Hoy queremos vivir a lo seguro e invertimos en el extranjero.
Colocamos nuestros dineros en Bancos extranjeros.
Tenemos incluso cuentas “cifradas” para que nadie se entere.
Y no hablemos de eso que hoy llamamos “lavado de capitales”.
Hoy hablamos mucho de los “paraísos económicos”.

Si es cierto que “allí donde está nuestro tesoro está nuestro corazón”, me sospecho que nuestro corazón está Cajas Fuertes en esos llamados “paraísos económicos”:
En los Bancos suizos, Bancos de Panamá, o no sé qué Islas que nadie conoce.
La cierto es que nuestros corazones deben de estar también “cifrados” en inversiones secretas.
Es decir, que tenemos nuestro corazón esparcido por en pedazos por el mundo entero.

Jesús nos pide que “atesoremos en el cielo”.
Allí no hacen falta claves secretas.
Allí no hacen falta claves “cifradas”.
Allí no importa que todo el mundo conozca nuestra cuenta, ni cuanto tenemos.
Y entonces nuestro corazón no estará divido en tantas cuentas.
Nuestro corazón está siendo uno solo.
Nuestro corazón tendrá su verdadero tesoro en el “corazón de Dios”.
Como dice el Salmo 23: “¡Tú, Dios mío, y nadie más!” “¡Estoy contigo, nada me falta”.

Nuestra mejor inversión es la que hacemos por los necesitados.
Nuestra mejor inversión es la que hacemos por los que no tienen nada.
Nuestra mejor inversión es la que hacemos dando de comer al hambriento.
Nuestra mejor inversión es la que hacemos dando a los pobres.
Además aquí los intereses son siempre los mismos y no están a expensas del movimiento de la Bolsa ni de los procesos de diario de cambio.

¿Recuerdan cuando a San Lorenzo, antes del martirio, le reclamaban los tesoros de la Iglesia?
El reunió a todos los pobres de la ciudad diciendo: “estas son las riquezas de la Iglesia”

¿Dónde invertimos nosotros?
¿Dónde ponemos nuestros tesoros?
¿Dónde ponemos nuestras seguridades?
¿Dónde invertimos sin miedo a las crisis económicas?
Si quieres seguridad invierte en la tierra pero para el cielo.
Si quieres dormir tranquilo y no tengas que informarte cada mañana cómo está el cambio y la Bolsa, pongamos nuestros tesoros en los necesitados, que es ponerlos en el cielo.
Lo que inviertas dando al necesitado, nadie te lo ha de robar.
Lo que inviertas dando al que necesita, nadie te lo ha de robar.
Lo que inviertas en el bienestar de los demás, no hay ladrón que te lo robe.

Una inversión que a todos nos cuesta creer en ella.
Una seguridad en la que pocos se atreven a creer.
Una inversión en cuyos réditos son pocos los que creen.
Preferimos el refrán de que “más vale pájaro en mano que ciento volando”.

No olvidemos algo fundamental:
Dios lo invirtió todo en el hombre.
Porque creía en el hombre.
Porque el tesoro del corazón de Dios es el hombre.
Por eso el corazón de Dios está en el hombre.
Somos su tesoro.
¿Será él el nuestro?

Clemente Sobrado C. P.

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