Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 14 a. Semana – Ciclo C

“Se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: “Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza y vivirá”. Una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con solo tocarle el manto quedaría curada. Jesús se volvió y al verla le dijo:”¡Animo, hija! Tu fe te ha curado”. “Fuera. La niña no está muerta, está dormida”. Cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie”. (Mt 9,18-26)

tocó la orla de su manto, y al punto se le paró el flujo de sangre

Siento que nosotros para hacernos importantes necesitamos complicar las cosas.
Siento que nosotros para demostrar que somos algo necesitamos que los demás tengan que aburrirse de tocar puertas.
Cuanto más hacemos esperar a los demás, nos sentimos más importantes.

Me encanta Jesús y lo que dicen de El los Evangelios.
Cuando se trata de dar vida, su actitud es ahora.
Cuando se trata de devolver la salud a alguien, su actitud es ahora.
No se da ninguna importancia.
No complica las cosas ni hace sufrir con la espera.

La niña que acaba de morir, no tiene por qué esperar a levantarse.
El papá que llora de rodillas, no tiene por qué esperar a recuperar a su hija.
La mujer que esperó doce años con su impureza legal, no tiene por qué esperar.
La mujer que esperó doce años a sentirse limpia, le bastó tocar la orla del manto.

Cuando nos hacemos los importantes, haciendo esperar a los demás, demostramos:
El poco aprecio que tenemos por los demás.
La poca estima que tenemos por los demás.
Lo poco que valoramos a los demás.
Lo poco o nada que nos dice el sufrimiento del que tiene que esperar y dar mil y una vueltas tocando puertas.
Lo poco que nos dice el tiempo que hacemos perder a los demás inútilmente.

La mejor manera de hacer el bien es:
Hacerlo sin ruido.
Hacerlo sin llamar la atención.
Hacerlo sin que nos tengan que rogar.
Hacerlo sin que nos tengan que dar gracias.
Hacerlo sin que nos crean superiores.
El bien que saca mucho ruido humilla al que lo recibe.
El bien que saca mucho ruido habla más de nosotros que de los otros.

Cuando se trata de dar vida, el tiempo no puede esperar.
Cuando se trata de regalar vida, el tiempo no puede esperar.
Cuando se trata de devolver la pureza de las personas, el ruido sirve de poco.
Cuando se trata de devolver la dignidad a las personas, el ruido oculta la bondad.
Cuando se trata de devolver la dignidad a las personas, el tiempo es ahora.

La religión que necesita sacar mucho ruido, puede terminar vacía.
La religión que necesita llamar la atención de los de arriba, puede que esté vacía.
La religión que necesita de mucha publicidad, quiere decir que tiene poca vida.
La religión que necesita hacernos esperar, quiere decir que no es la de Jesús.

Le mejor religión es la que devuelve la vida.
La mejor religión es la que devuelve la dignidad de las personas.
La mejor religión es la que hace el bien en silencio.
La mejor religión es la que hace mejores a los demás.
La mejor religión es la que no hace esperar.
La mejor religión es la que no hace acepción de personas.
Lo mismo vale un “personaje”, que una “mujer desconocida del pueblo”.
Jesús, en la mismísima cruz, le dice al buen ladrón: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.
Por eso Dios es “hoy”.
Por eso el amor es “ahora”.
Por eso la vida es “ya”.

Clemente Sobrado C. P.

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