Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 15 a. Semana – Ciclo C

“Exclamó Jesús: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. (Mt 11, 28-30)

Aquí celebramos hoy la fiesta de San Francisco Solano.
Nosotros vamos a utilizar la liturgia del tiempo ordinario.

Somos muchos los que decimos:
Estoy cansado, debo tomarme unas vacaciones.
Estoy cansado, debo tomarme unos días de descanso.
Y como hoy las Agencias de Viajes te arman un tour en menos que canta un gallo, allá nos vamos:
¿A descansar de verdad?
¿O a regresar más cansados que cuando fuimos?

Es cierto que:
Todos estamos demasiado cansados.
Que llegamos a casa y lo único que nos apetece es darnos una buena ducha y tumbarnos en el sofá viendo TV.
Que llegamos a casa cansados y no siempre podamos descansar porque los hijos se nos echan encima y hay que atenderlos. “Siempre llueve sobre mojado”.

Hay un cansancio físico, fruto de nuestro trabajo.
Hay un cansancio físico, consecuencia de tantas cosas que hacemos.

Y tal vez nos olvidamos de que:
Hay otro cansancio interior.
Hay otro cansancio espiritual.
Hay un cansancio del alma fruto de nuestras preocupaciones.
Hay un cansancio del alma fruto de nuestras tensiones interiores.
Hay un cansancio del alma fruto de nuestros propios desequilibrios interiores.
Hay un cansancio fruto de nuestros vacíos espirituales.

Es por ello que Jesús, nos invita a cuantos estamos “cansados y agobiados” a acudir a él.
Para ellos nos ofrece dos criterios:
“Cargad con mi yugo”
“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”.

El yugo de Jesús no es pesado.
No es el yugo de la ley.
Es el yugo del amor.
Es el yugo de la paz del espíritu.
Es el yugo de la libertad.
Es el yugo del encuentro con nosotros mismos.
Es el yugo del abandono en las manos del Padre.
Es el yugo del servicio fraterno en el amor.
Es el yugo de la alegría Dios en nosotros.

“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”
La mansedumbre da descanso al espíritu.
La mansedumbre serena nuestro espíritu.
La mansedumbre tranquiliza nuestros nervios.
La mansedumbre da paz y serenidad.
La mansedumbre es lago tranquilo en cuyo espejo se mira Dios.

Por su parte:
La humildad no es abatimiento, sino serenidad.
La humildad no sentirnos menos de lo que somos.
La humildad es la tranquila aceptación de lo que somos.
La humildad es la paz del espíritu.

Acudir a Jesús es acudir a alguien que siempre vive esa serenidad interior.
Acudir a Jesús es abandonarnos como El en las manos de Dios.
Hablar con alguien siempre desahoga.
Hablar con Jesús desahoga el alma.
Recostar nuestra cabeza en su corazón es como el niño en brazos de su madre.

Están bien esos sillones relajantes.
¿No sería bueno relajarnos apoyados en los brazos de Jesús?

Clemente Sobrado C. P.

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