Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 18 a. Semana – Ciclo C

“Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Y les preguntó: “Y vosotros, quién decís que soy yo?”. Ahora te digo tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará”. (Mt 16,13-23)

Un alumno estaba nervioso antes de los exámenes. Lo hemos estado todos.
Y alguien le preguntó: “Estás nervioso, ¿te preocupan las preguntas?”
A lo que él respondió:
No. “Lo que me preocupan son las respuestas”.
Creo que en la vida, abundan más las preguntas que las respuestas.
Siempre es más fácil preguntar que responder.
Y sin embargo son las preguntas las que, con frecuencia, nos despiertan.
Cuando dejamos de preguntarnos, el fuego se va apagando.
Las preguntas son como leña que echamos al fuego.

Claro que siempre es más fácil preguntar por los demás.
Siempre nos cuesta más preguntarnos a nosotros mismos.
Siempre nos cuesta más cuestionarnos a nosotros mismos.
Siempre nos duele más cuando alguien nos pregunta por nosotros mismos.

Jesús pregunta a sus discípulos:
¿Qué piensan de él los demás?
Ahí responden todos.
Pero les pregunta a ellos: “¿Qué dicen ellos?” ¿Qué piensan ellos? ¿Quién es El para ellos?
Aquí ya solo responde Pedro.
Sin embargo, la pregunta queda ahí dentro, como una brasa ardiendo.
Cuando nos preguntamos a nosotros mismos algo inquieta dentro.
Cuando nos preguntamos a nosotros mismos el fuego se aviva dentro.
Cuando nos preguntamos a nosotros mismos, algo trata de desinstalarnos.

Lo peor que nos puede suceder:
Es mirar hacia fuera y no mirarnos por dentro.
Es darlo todo por hecho y no cuestionarnos.
Es querer vivir tranquilos sin necesidad de cambio alguno.
Todos estamos seguros de que somos creyentes.
Pero no nos atrevemos a cuestionar nuestra fe.
Todos estamos seguros de que Jesús es el centro de nuestras vidas.
Pero no nos atrevemos a cuestionarnos por dentro.
Vivimos más tranquilos, pero posiblemente también más mustios.

Para actualizar nuestra fe, es preciso preguntarnos constantemente por ella.
Para actualizar nuestra fe en Dios, es preciso cuestionarnos constantemente sobre El.
Para actualizar nuestra fe en Jesús, es preciso cuestionarnos constantemente ¿qué sigue significando en nuestras vidas?
Para actualizar nuestra fe en la Iglesia, es preciso preguntarnos cada día.
Para actualizar nuestra fe en el Evangelio, es preciso preguntarnos a diario.

Con frecuencia uno se pregunta:
¿Por qué muchos van como apagando la fe en sus vidas?
¿Por qué muchos van como apagando la fe en la Iglesia?
La respuesta para mí es siempre la misma:
Lo damos todo por hecho y no volvemos a cuestionarnos.
Y todo aquel que no se cuestiona es posible que se vaya muriendo.

Porque no basta decir que creemos en Dios.
Hay que preguntarse ¿en qué Dios creemos y qué es Dios para nosotros?
No basta decir que creemos en Jesús. Hay que preguntarse ¿en qué Jesús creemos y qué es Jesús para nosotros?
No basta decir que creemos en la Iglesia. Hay que preguntarse ¿en qué Iglesia creo y qué es la Iglesia para mí?
La fe en Dios, en Jesús, en el Evangelio, en la Iglesia necesita ser revisada constantemente para que no caiga en la monotonía.

Me gusta lo que dijo Benedicto XVI en la Homilía de clausura del Sínodo (28-10-2012) comentando el Evangelio del ciego Bartimeo:
“El no es ciego de nacimiento, sino que ha perdido la vista; es el hombre que ha perdido la luz y es consciente de ello, pero no ha perdido la esperanza, sabe percibir la posibilidad de un encuentro con Jesús y confía en él para ser curado”.

Perdió la luz, pero fe consciente de ello.
Y eso le hizo seguir manteniendo viva su esperanza y la posibilidad de encontrarse con Jesús.
Y se abrió a la esperanza y voluntad de ser curado.
Sólo somos curados cuando nos cuestionamos interiormente.
Porque solo entonces tomamos conciencia de que ya nos está faltando la luz.
Porque solo entonces tomamos conciencia de que necesitamos que alguien la vuelva encender.
“¿Y vosotros quién decís que soy yo para vosotros?”
¿Y tú quién dices que es Jesús para ti, no para los demás, para ti?

Clemente Sobrado C. P.

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