Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 19 a. Semana – Ciclo C

“Ellos le insistieron: “¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse?” El les contestó: “Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Ahora os digo yo que, si uno se divorcias de su mujer y se casa con otra, comete adulterio”. Los discípulos le replicaron: “Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse”. (Mt 19,3-12)

Estamos viviendo la cultura de lo desechable.
La cultura del “usa y tíralo”.
La cultura de lo transitorio.
Al hombre le cuesta el compromiso definitivo.
Diera la impresión de que le va mucho mejor “compromiso de alquiler”.

Eso que hoy solemos expresar:
“Mientras me vaya bien”.
“Mientras me sienta bien con ella”.
Y eso parece que lo llevamos incrustado dentro.
Hasta los discípulos son reacios al matrimonio para siempre.
“Si la cosa es así con la mujer, no trae cuenta casarse”.

Tampoco hemos avanzado mucho en cuanto a la dureza del corazón.
Hay leyes que se dan:
No porque deban darse, sino porque nos interesa que se den.
Es cuestión de hacer campaña para que se “legalice el divorcio”.
Es cuestión de hacer campaña para que se legalicen las uniones unisexuales.
Es cuestión de hacer campaña para que se legalice el aborto.
Manifestaciones públicas.
Fiesta del “orgullo gay”.
Adopciones de los “matrimonios gays”.
Hasta somos capaces de “condicionar nuestro voto” a que se den esas leyes.
Leyes dadas bajo presión y terquedad.
Leyes que obedecen más a nuestros caprichos o intereses que a la verdad.

Por eso, hoy muchas de nuestras leyes, no pueden ser criterio de conducta.
Porque no son expresión de la verdad, sino de lo que nos conviene o nos interesa.
Y el caso es que, si alguien protesta, le cuelgan el “sambenito” de retrógrado.
Si la Iglesia dice su palabra esta anticuada y no camina al ritmo de los tiempos.

Jesús les hace retroceder “al comienzo”, “al principio”.
Les hace retroceder al plan creacional de Dios.
No es que Moisés quisiera contradecir a Dios.
Legalizó el divorcio “por la terquedad del corazón de los hombres”.

Además resulta curioso:
El divorcio parece ser un derecho de los “hombres”.
El divorcio está al servicio de los caprichos de lo hombres.
Las mujeres no tienen derechos.
Las mujeres solo tienen derecho a ser abandonadas, cuando ya nos hemos cansado de ellas o simplemente, como suele suceder, porque por la calle hemos “encontrado algún modelito nuevo”.
Igualito que nos sucede con los carros o coches.
Todos queremos lucir el último modelo, el modelo del año.

El divorcio aparece así:
Como un atentado a la igualdad entre hombre y mujer.
Como un atentado a la dignidad de la mujer.
Como un atentado a los derechos de la mujer a la que se prometió fidelidad para toda la vida.
Como un atentado a las ilusiones de la mujer que entregó su vida para siempre.

Sería bueno:
Revisáramos el por qué de muchas leyes.
Revisáramos el valor ético y moral de muchas de nuestras leyes.
No por ser legal podemos decir que es ético y moral.
No por ser legal tiene valor de verdad.

Y siempre por la terquedad de nuestros corazones.
Por eso Jesús comienza por pedirnos la “conversión del corazón”.
Mientras no haya cambio de corazón seguiremos tercos esclavos de nuestras conveniencias.

Clemente Sobrado C. P.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s