Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 21 a. Semana – Ciclo C

“Habló Jesús diciendo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros ni dejáis entrar a los que quieren”. (Mt 23,13-22)

Quisiera encabezar este comentario con lo que escribe el Papa Francisco a la Iglesia:
“A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas”. (EG 47)

Jesús no es de los que andan con medias tintas.
Jesús no es de los andan con las medias verdades.
Jesús no es de los que dice las cosas para quedar bien El.
Jesús dice las cosas:
No solo a la gente sencilla, que también necesita escucharle.
Sino que se atreve a decirlas también a los de arriba.
Esta vez, más que al pueblo, habla a los Jefes: “escribas y fariseos”.
Y hasta se atreve a ponerles un calificativo bien provocativo: “hipócritas”.

No basta estar arriba para garantizar la verdad de lo que dicen.
No basta estar arriba para garantizar la verdad de lo que hacen.
Estar arriba es todo un compromiso:
El compromiso de ayudar a la gente a entrar y no cerrar la puerta.
No el compromiso de ser un estorbo para que la gente sencilla pueda entrar.
Estar arriba no es garantía alguna “de que ellos sí entrarán”.
Puede que desde arriba, “ni entren ni dejen entrar” a los que sí quieren entrar.

Un Evangelio que vale para todos.
Porque todos podemos ser un estorbo que cerramos la puerta del Reino a quienes quisieran entrar.
Pero aquí hay una llamada clara a los jefes religiosos:
A los “escribas”, maestros de la verdad.
A los “fariseos”, maestros de la religiosidad.
Unos y otros, debieran ser señales en el camino.
Y unos y otros ni se deciden entrar ni dejan entrar a los demás.
En vez de abrir la puerta la cierran.

También en la Iglesia:
Hay muchos “escribas”, muchos maestros de la verdad y del Evangelio.
Pero que muchas veces enseñan más “su verdad” que el Evangelio.
Buscan que los demás “piensen como ellos” y no como “Jesús”.
El ocupar un alto cargo, no es garantía de verdad ni de autenticidad.
Yo me preguntaría si muchas decisiones y prohibiciones responden a la libertad del Reino, a nuestras mentalidades.
Si muchos a quines se han silenciado en la Iglesia responden a la libertad de pensamiento del Evangelio y a la acción del Espíritu, o más bien a intereses y modos de pensar de unos cuantos que quieren imponerse.
No conozco mayor dictadura que la de obligar a que los demás piensen como yo.

Hoy muchos “fariseos hipócritas”, que aparentan ser y no son.
“Hipócritas” que aparentan una cosa y son otra.
Por doloroso que nos resulte a todos, y escandaloso a muchos otros, la Iglesia está pasando por momentos bien difíciles, pero a mi me parecen interesantes, pues se han descubierto muchas “hipocresías”.
Mucho ropaje por fuera y por dentro demasiada mentira.
Hasta Benedicto XVI, al renunciar, habla con el dolor de su corazón de cómo “hemos desfigurado el rostro de la Iglesia” y todo “por luchas de intereses y poder”.
Y todos conocemos las oposiciones que encuentra el Papa Francisco, precisamente por su apertura al amor y misericordia más que a la autoridad y mando.
Muchos silencios culpables y responsables se están rompiendo, y poniendo de manifiesto el “pus” que infectaba a la Iglesia por dentro.

Hay sufrimientos que son buenos porque sanan.
Hay muchos sufrimientos que son buenos porque destapan la hipocresía.
Hay muchos sufrimientos que son buenos porque ponen al descubierto llagas infectadas y que tratamos de ocultar con el silencio.

Señor: te confieso que hoy te leo y siento miedo.
Señor: te confieso que hoy al leerte me hago muchas preguntas.
Señor: te confieso que hoy al escucharte me haces cuestionarme sobre lo que llevo dentro de mí de “letrado” y de “fariseo hipócrita”.
Señor: sé que muchas enfermedades solo se curan con cirugía.
Que la cirugía que estás haciendo hoy a tu Iglesia a través del Papa Francisco, nos sirva para recuperar nuestra verdad, y dejemos de impedir que muchos que quieren entrar, se queden fuera.
Aunque a decir verdad, ¿no nos sucederá que los que creemos fuera están dentro y los que creíamos dentro estén fuera?
Perdona, Señor, nuestras mentiras e hipocresías y dejemos el camino libre para que entren todos.

Clemente Sobrado C. P.

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