Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 21 a. Semana – Ciclo C

“Habló Jesús diciendo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más importante de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad”. ¡Guías de ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosantes de robo y desenfreno!” (Mt 23,23-26)

Dice el Papa Francisco:
“Más que el temor a equivocarnos, espero nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en normales que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cesar: “¡Dadles vosotros de comer!” (EG 49)

Es decir: La Iglesia tiene que estar atenta para ser luz y guía de los fieles, pero sabiendo siempre distinguir entre lo esencial y lo secundario, entre loa bueno y lo mejor. Una Iglesia que no se encierra en las seguridades del ayer sino que se arriesga a los nuevos caminos del futuro.

El Evangelio es como una continuación del tema de ayer.
Mucha preocupación por cosas sin mayor importancia.
Y olvido de lo que sí es importante.
Mucha importancia por lo secundario.
Y olvido de lo esencial.
Mucha apariencia.
Pero poca verdad interior del corazón.
Mucha apariencia por fuera.
Poca autenticidad de por dentro.

Para Dios lo verdaderamente importante es el corazón.
Para Dios lo externo carece de valor si no responde a la verdad interior.
Para Dios lo que importa es la pureza del corazón.
No la lavandería exterior.

Que hay que pagar el diezmo de la menta, del anís y del comino está bien.
Pero lo que realmente le interesa a Dios:
Es la dignidad de los demás.
Es el derecho de los demás.
Es la justicia para con los demás.
Es el respetar los derechos de los demás.
Es el respetar el sentido de justicia para con los demás.

Está bien respetar el derecho y las obligaciones de la Ley.
Pero mucho más importante es respetar los derechos y la justicia de las personas.

Que está bien cumplir con la Ley.
Pero lo que Dios pide de nosotros es la compasión con el hermano.
Es la compasión con los débiles.
Es la compasión con los que ha fallado.
Es la compasión con los que han caído.
Es la compasión con los que han pecado.

Está bien que guardemos la legalidad de las cosas.
Pero más importante es el ser “compasivos con los demás”.
Lo más importante es tener un corazón que sabe comprender la debilidad humana.
“Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”.
Dios es justo pero una justicia compasiva.
Dios se revela en el “amor compasivo y misericordioso” con los que han fallado.

Está bien que cumplamos con los preceptos de la ley.
Pero más importante es la “sinceridad”.
El sentido de la sinceridad y de la verdad y la coherencia con el Evangelio.

Está bien que filtremos el mosquito que se nos cayó en el vaso.
Pero más importante es que limpiemos el enjambre de mosquitos que llevemos dentro.
Es decir:
Lo que Jesús nos pide no es vivir de las apariencias.
Lo que Jesús nos pide no es vivir de las apariencias legales.
Sino de la conversión del corazón.
La limpieza y la bondad del corazón.

¿De qué nos sirve vivir esclavos de la ley, si llevamos esclavo el corazón?
¿De qué sirve vivir de las apariencias de cumplir con la ley, si el corazón está sucio?
No robo. Pero ganas no me faltan y tampoco comparto nada de lo mío.
No mato. Pero llevo el corazón lleno de resentimientos y de odio.
No cometo adulterio, Pero mi corazón está lleno de infidelidades.
No miento. Pero tampoco digo la verdad.
No ofendo a nadie. Pero tampoco hago nada por los otros.

Aparento ser piadoso porque rezo mucho.
Pero mi corazón sigue sin amar.
Voy incluso a misa todos los domingos y regreso a casa enemistado con mi hermano.
Comulgo fervorosamente, pero excluyo a mi hermano de mi amor y amistad.
Aparento ser fiel a mi amor, pero mi corazón está en la calle.
Aparento externamente, pero sin que mi corazón cambie.

“Señor, dame un corazón nuevo”.
Porque solo así podré ser guía de mis hermanos.
Porque solo así podré ser guía de los ciegos que no ven.
Lo secundario puede ser importante.
Pero lo que nos hace ser de verdad es lo esencial.
Y lo esencial es “el derecho, la comprensión y la sinceridad”.
Elegantes por fuera y podridos por dentro.

Clemente Sobrado C. P.

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