Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 21 a. Semana – Ciclo C

“Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “Se parece el Reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. El esposo tardaba, les entró el sueño a todas y se durmieron. ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!” (Mt 25,1-13)

Una de las cosas que más me fastidia es quedar con alguien para tal hora y no venga.
O si viene llegue media hora más tarde.
Y siempre con el mismo cuento: “El tráfico, Padre, el tráfico”.

Hay un refrán que dice: “La justicia tarda, pero llega”.
Claro que a veces llega tan tarde que nosotros ya no estamos.
Me gusta más el otro refrán que dice: “Dios tarda pero siempre llega a tiempo”.
Es lo que acaba de decirnos esta parábola:
“El esposo tardaba”.
“Pero el esposo llegó a su tiempo”.
“Pero cuando las que lo esperaban ya estaban dormidas”.

Dios es de los que siempre llega a tiempo.
Lo que sucede es que:
cuando llega, muchos estamos ya dormidos y no nos enteramos.
cuando llega, muchos andamos en otras cosas y no lo oímos llegar.
muchos no le esperamos, y a pesar de todo Dios llega.
cuando llega, a muchos ya se nos acabó el aceite de nuestra fe y no lo vemos llegar ni pasar.
Sencillamente no nos enteramos.
Se nos pasea el alma.
Se nos cuela y nosotros mirando a la luna de Paita.

Que Dios llega, llega.
Que no siempre nos enteramos, también es cierto.
Que no siempre estamos despiertos, también es cierto.
Que muchas veces estamos dormidos, también es cierto.
Que muchas veces estamos sin aceite en el alma, también es cierto.

Que no llega cuando a nosotros se nos antoja, también es verdad.
Que no llega cuando a nosotros nos conviene, también es cierto.
Que no llega cuando a nosotros nos interesa, también es cierto.

Dios es de los que llega siempre.
Pero no siempre estamos atentos para recibirle.
“Vino a los suyos y no le recibieron”.
“Vino a su casa y no la reconocieron”.
Pareciera que Dios siempre llega a desmano.
Pareciera que Dios siempre llega cuando nosotros no estamos.

El problema no está en si Dios llega o no llega.
El problema no está en si llega a tiempo o no llega.
El verdadero problema no es la llegada de Dios.
El verdadero problema es si nosotros estamos dormidos o despiertos.
El verdadero problema es si nosotros le estamos esperando o esperamos otras cosas.
El verdadero problema es si nosotros escuchamos su llegada o nos despertamos cuando ya ha cerrado su puerta.

Me encanta la imagen del Dios que llega.
Porque, de ordinario, cuando alguien llega, solemos esperarle.
Y me encanta la imagen de Dios que llega sin avisar.
Porque así la emoción siempre suele ser más grande.
Lo inesperado y la sorpresa tienen su emoción.
Y lo inesperado de Dios en nuestras vidas tiene también su emoción.

Nuestro peligro es:
Pensar que todavía tenemos tiempo.
Pensar que todavía no vendrá.
Pensar que todavía es muy pronto para que me llame a mí.
Pensar que todavía es muy pronto para que yo pierda el sueño por él.
Pensar que todavía soy joven y aún tengo tiempo.
Pensar que ya soy demasiado viejo para que Dios quiera jugar conmigo.
Pensar que yo no estoy para esas aventuras de Dios en la vida.
Pensar que yo ya no estoy para esas cosas.
Pensar que a mí ya se me pasó el tren de la santidad.
Y lo peor es que tengamos que ir a buscar aceite y nos quedemos en la calle.

Y la verdad es que, Dios siempre viene y siempre llega a tiempo.
La verdad es que, Dios está siempre viniendo.
Y lo más curioso es que, a pesar de estar dormidos, él siempre quiere encontrarnos despiertos.
Y lo curioso es que, Dios siempre quiere encontrar a su Iglesia despierta.
Y lo curioso es que, la vida del cristiano tiene que ser siempre una vida en espera.
Aunque a decir verdad, me admira el hecho de que normalmente sea él quien tenga que esperarnos el tiempo que sea, porque los que llegamos tarde solemos ser nosotros.

Clemente Sobrado C. P.

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