Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 24 – Ciclo C

El retorno del hijo pródigo de Rembrandt

“Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuelo y se puso a besarle… Pero el padre dijo a los criados: “Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”. Y empezaron el banquete”. (Lc 15,1-3.11-32)

Es el domingo del “hijo que se aleja del Padre”.
del “Padre que siente el dolor del hijo que se va”.
del “Padre que no deja de esperar el regreso”.
del “Padre que sale cada día a la ventana, por si lo ve venir”.
del “Padre que lo ve, desde lejos y sale corriendo al encuentro”,
del “Padre que hace fiesta y banquetea al hijo que vuelve a casa”.
Es el domingo del “hermano bueno que no entiende el corazón del Padre”.
Es el domingo de “cuando algún día nos hemos alejado de Dios”.
Es el domingo de “cuantos hemos regresado y hemos sido besados y abrazados por Dios”.
Es el domingo no del “miedo a Dios”, sino de la alegría y esperanza del amor de Dios.

El Papa Francisco llama a estas parábolas de la misericordia: “Los parábolas de la alegría de Dios:
“En estas parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y misericordia… En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo lo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón”. (Bula del Jubileo n.9)

Tres son las parábolas en particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos. Por eso es conocida como del “hijo prodigo”. Sin embargo:
No es tanto la “parábola del hijo, sino del Padre”.
No es tanto la “parábola del pecado, sino de la gracia”.
No es tanto la “parábola de los hombres, sino del corazón de Dios”.
Le doy la razón al Cardenal Martini que decía que en la “Iglesia se habla demasiado del pecado”, en vez de hablar del amor y del perdón.

En este caminar cuaresmal sentimos:
que Dios está en la puerta mirando nuestro regreso a casa.
que Dios nos ve desde lejos, antes que lo veamos nosotros.
los besos de Dios en las lágrimas de nuestro corazón.
los abrazos de Dios, que nos estrecha contra su corazón.
la alegría de Dios de vernos con terno nuevo, anillo y sandalias nuevas.
la alegría de la celebración festiva de Dios para cuantos estábamos perdidos y hemos sido encontrados vivos.

Es la parábola:
Del amor de Dios.
Del corazón de Dios.
Del perdón de Dios.
De la alegría de Dios.

Pero es también la parábola:
De la fiesta de familia por el regreso del que faltaba.
De la mesa puesta que quiere reconciliar a la familia.
De la mesa puesta que quiere reconciliar a los hermanos enemistados.
De la mesa puesta que quiere que también el hermano acepte a su hermano.
De la mesa puesta que quiere que el hermano celebre el regreso de su hermano.
De la mesa puesta que quiere que el hermano descubra que no basta el trabajo y la obediencia sino que se necesita el amor.
De la mesa puesta que quiere que ambos hermanos se encuentren en la fiesta.

Y también es la parábola del Padre:
que sale al encuentro del hermano que se fue de casa.
que sale al encuentro del hermano que, estando en casa, no sentía el amor del Padre y se quedó fuera.
que siente la alegría del hermano que se había perdido y es recuperado.
que siente que su alegría no es plena, mientras los dos hermanos no se abracen y se amen.
que siente que su alegría no es plena, mientras los dos hermanos no compartan la misma fiesta.
que siente que su alegría no es plena, mientras no estén dentro de casa los dos hermanos.

¿De qué vale que regrese el uno, si el otro se sale?
¿De qué vale que regrese el uno, si el otro no quiere entrar?
El corazón de Dios es un corazón que sale al encuentro de todos.
El corazón de Dios necesita ver que la mesa está completa.
El corazón de Dios necesita ver que no hay sillas vacías.
El corazón de Dios necesita verme también a mí en la fiesta.

Hoy tú y yo podemos ser la alegría de Dios.
Hoy tú y yo podemos ser la fiesta de la misericordia de Dios.
Hoy tú y yo podemos ser la fiesta de la alegría de Dios porque nos hemos reconciliado con nuestros hermanos.

Clemente Sobrado C. P.

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