Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 24 a. Semana – Ciclo C

“Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María, la Magdalena, de la que habían salido siente demonios”. (Lc 8,1-3)

Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres

¿Detalles insignificantes?
¿O detalles que nos dicen mucho!
Detalles bien actuales, me digo para mis adentros.

“Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo”.
Una simple línea y casi una radiografía de Jesús.
El Jesús “camino” andando por los “caminos”.
Un Jesús sin oficina y sin secretaria.
La oficina y el despacho de Jesús fueron los caminos.
Y sus secretarias y secretarios, la gente con la que se encontraba.

El Papa Franciso en su homilía el día de su toma de posesión, definió prácticamente su pontificado en tres o cuatro palabras: “Caminar, edificar-construir, confesar”.
La primera fue precisamente la de “caminar”. Y él mismo comentaba:
“Caminar. Esta es la primera cosa que Dios dijo a Abraham : “Camina en mi presencia y sé irreprensible”. Caminar: nuestra vida es un camino. Cuando nos detenemos, la cosa no funciona. Caminar siempre, en presencia al Señor, a la luz del Señor, tratando de vivir con aquel carácter irreprensible que Dios pide a Abraham, en su promesa”.

Jesús no es de los que se instala en un lugar y deja que el resto viva a su aire.
Jesús es de los que anda “de ciudad en ciudad”, “de pueblo en pueblo”.
Es el gran mensaje a todo eso que hoy llamamos “nueva evangelización”.
No se evangeliza sentado.
No se evangeliza esperando.
No se evangeliza firmando libros.
No se evangeliza viendo TV,
Se evangeliza: “Caminando de ciudad en ciudad”, de “pueblo en pueblo”, “predicando el Evangelio del Reino de Dios”.
No se evangeliza esperando a que “llamen”.
Se evangeliza “llamando”, “tocando las puertas”.
No se evangeliza lamentándonos de “los que no vienen”.
Se evangeliza buscando y saliendo al encentro de ellos.
El Evangelio no es para los Despachos Episcopales o Parroquiales.
El Evangelio es para los caminos.
La evangelización tiene que oler a polvo de los caminos.
La evangelización tiene que oler a gente que huele a sudor en su trabajo.
“Nuestra vida es un camino”.
“Cuando nos detenemos, la cosa no funciona”.

Y algo que puede ayudarnos a despertarnos:
Jesús camina “acompañado de los Doce”.
Pero también “de algunas mujeres”.
Y no de mujeres todas santas, sino de las que había “curado de malos espíritus”.
Alguna de ellas había sino liberada nada menos que de “siete demonios”.

No podemos decir que la evangelización es cosa de hombres.
No podemos decir que la Iglesia es cosa hombres.
La evangelización de “pueblo en pueblo” y de “ciudad en ciudad” es también cosa de mujeres.
De mujeres que han experimentado en ellas mismas la fuerza del Evangelio.
De mujeres que no todas habían sido “candidatas a los altares”.
Y si por eso es, tampoco los Doce habían sido unos santos, sino hombres normales del pueblo y con frecuencia, resistentes al Evangelio.

Jesús no excluye a nadie.
Jesús no es de los se hace problemas de “género”, esa palabra rara que hoy utilizamos.
Jesús es de los que cuenta con todos: hombres y mujeres.
Jesús no es de los que excluye a nadie, sino que cuenta con todos.
“Y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades”.
“María la Magdalena, de la que habían salido siente demonios”.
Pero que había sido tocada por la persona de Jesús y por el Evangelio.

Para Jesús, las mujeres no son seguidoras de segundo orden.
Para Jesús, las mujeres han dejado de ser “ese eterno peligro en la Iglesia”.
Para Jesús, todo el que ha sido tocado por el Evangelio, es responsable de ponerse en camino y proclamar el Reino de Dios con él.
Anunciar y predicar el Evangelio no es privilegio de nadie sino deber de todos.
Anunciar y predicar el Evangelio no es un don masculino.
Es una gracia y una exigencia de todos, hombres y mujeres.

Clemente Sobrado C. P.

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