Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 26 a. Semana – Ciclo C

El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí“Los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dio: “El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más grande”. (Lc 9,46-50)

Con la apertura del Concilio Vaticano II, Juan XXIII, pidió que la Iglesia abriese las ventanas para que entrase un aire fresco.
Con el nombramiento del Papa Francisco, uno siente como si ese aire nuevo entrase por las ventanas y las puertas.
Algo así como si la Iglesia volviese a tomar su propio tono evangélico y se despojase de grandezas, título y superioridades.
Por fin el Espíritu Santo ha elegido como sucesor de Pedro a uno que sabe cocinar, que no tiene reparo alguno en ir a comer a los comedores populares, ni responder personalmente al teléfono. Y no lo dicen, pero vistas así las cosas, estoy seguro que sabe manejar la escoba para barrer su departamento y sabe cómo se limpian los baños y se lavan las ollas y los platos.

Por eso la gente siente como si un aire fresco entrase en la Iglesia. Y por eso mismo, se ha creado en torno a él un clima y un ambiente de Papa sencillo, como lo dice su nombre: Francisco. Cuando beatificaron al Obispo Pasionista de Bulgaria Monseñor Bossilkov, al salir de la Basílica de San Pedro me encontré con dos hombres ya mayores que miraban al cuadro. Al escucharnos hablar castellano, nos dijeron: “Es de los nuestros. Nos enseñaba a cantar e iba con nosotros de caza”.

Los discípulos tienen una gran preocupación:
“quién de ellos es el más importante”.
“quién de ellos se sentará en el sillón dorado”.
“quién de ellos llevará mejores capisayos”
“quién de ellos llevará más títulos”.
“quién será el que le sirvan todos”.

Claro, aquí siempre es fácil tirar pedradas a tejado ajeno.
Lo difícil es mirar con sinceridad nuestro corazón.
Porque es posible que todos:
Llevemos ansias de pedestal.
Llevemos ansias de ser los más importantes.
Llevemos ansias de llevar unos cuantos títulos en nuestras tarjetas de vista.
Llevemos ansias de mandar a los demás.
Llevemos ansias de figurar ante los demás.

Jesús pronto echó abajo esos castillos de grandeza.
“El que quiera ser el primero que sea el último”.
El que quiera ser el primero sea el que más sirve a los demás.

Los primeros pueden ser temidos, pero no amados.
Los primeros pueden ser reverenciados, pero no tendrán amigos.
Los primeros podrán tener más comodidades, pero ser menos amados.
Los que tienen grandes títulos, lucirán más, pero no serán más.
Los que se sienten más arriba, tienen que pagar el precio de la soledad.
Los que se sienten superiores tendrán aduladores, pero no quienes les diga la verdad.

Por eso me encanta el Papa Francisco, que con toda naturalidad hablando con los periodistas les confesaba cómo, cuando consiguió los 77 votos necesarios para convertirse en Papa, el Papa ha contado que los cardenales rompieron a aplaudir. “Humes me abrazó, me besó y me dijo: ‘No te olvides de los pobres'”. Esas palabras: los pobres. Pensé en san Francisco de Asís. Luego pensé en las guerras, mientras el escrutinio proseguía. Pensé en Francisco, el nombre de la paz. Y así entro ese nombre en mi corazón: Francisco de Asís. El hombre de los pobres, de la paz, que ama y custodia al creador. E indicó con una sonrisa cómplice. “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”.

Los pobres nunca son los primeros.
Los pobres nunca llevan grandes títulos.
Los pobres nunca son los que mandan.
Los pobres visten ropas raídas y de segunda mano.
Los pobres no tienen sirvienta que les cocine y lave los platos.

¿Será este el comienzo de una Iglesia que no busca “primacías” y “competencias y divisiones”, de las que se quejaba ya Benedicto XVI?
¿Habrá llegado el momento en que también podamos decir del Papa y la Iglesia: “es de los nuestros”?

Clemente Sobrado cp.

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2 Respuestas a “Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 26 a. Semana – Ciclo C

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  2. LUISA ARCE RENGIFO

    EFECTIVAMENTE, P. CLEMENTE
    ESTE ES EL PASTOR QUE LE HACIA FALTA A NUESTRA IGLESIA, PARA GLORIA DE DIOS.
    QUE DIOS Y LA VIRGEN SANTÍSIMA NOS LO PROTEJAN POR MUCHO , MUCHO TIEMPO DE MANERA QUE TAMBIÉN SIRVA DE EJEMPLO PARA TODOS: FORMADORES Y FELIGRESES.
    UD. TAMBIÉN PADRE ES UN SACERDOTE FIEL. POR ESO LO SIGO DESDE HA 30 AÑOS POR LA RADIO Y ASÍ SEGUIMOS CRECIENDO.
    BENDICIONES Y +
    LUISA

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