Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 26 a. Semana – Ciclo C

“Mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: “Te seguiré a donde quiera que vayas. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza”. (Lc Lc 9,57-62)

Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.

El seguimiento de Jesús:
No es fruto de un simple deseo nuestro.
No es fruto de nuestra voluntad.
No es como la elección de una profesión.
No es consecuencia de si me gusta o no me gusta.
Es fruto de una “llamada”.
Es fruto de la voluntad de Dios “que llama a los que quiere”.

En las raíces de nuestro ser está siempre la decisión de Dios:
Antes de crearnos se dijo a sí mismo: “hagamos al hombre”.
Por eso, antes de existir en la vida, existimos en el corazón de Dios en la eternidad.

Isaías se ve a sí mismo como fruto de la elección divina:
“Desde el seno materno me llamó;
Desde las entrañas de mi madre recordó mi nombre”. (Is 49,1)

Jeremías reconoce:
“Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía,
Antes que nacieses, te tenía consagrado yo profeta de las naciones te constituí”. (Jr 1,5)

No creemos porque nos viene en ganas.
La fe es un don de Dios.
No le seguimos porque nos gusta.
Le seguimos porque es él quien nos llama.

De estos tres seguimientos:
Dos son ofrecimientos voluntarios.
El tercero es un llamado: “A otro le dijo: “Sígueme”.

Es que seguirle es aceptar la misión que el Padre le encomendó.
Cuando anunció su Pasión, añadió: “el que quiera seguirme tome su cruz y sígame”
Seguirle es aceptar las consecuencias de su mismo camino.

Y cuando él llama, llama para mirar hacia delante.
Cuando él llama, llama para comprometerse con la novedad del Evangelio.
Cuando él llama:
No se ponen condiciones.
No se hacen despedidas.
No se mira hacia atrás.
El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios”.

Seguir a Jesús es caminar hacia Jerusalén.
Seguir a Jesús no es poner condiciones.
Seguir a Jesús no es pedir rebajas.
Seguir a Jesús no es pedir tiempo para pensarlo.
Seguir a Jesús es hacer de él el centro, la razón de nuestro ser.
Seguir a Jesús no es caminar luego lamentando lo difícil del camino.
Seguir a Jesús no es caminar cansado y fatigado, con ganas de volver atrás.
Seguir a Jesús es el “sí total de nuestra vida” de modo incondicional.

Interrogantes que nos ofrece el Evangelio:
¿Cómo sentimos y vivimos el que antes de ser, existamos en el corazón de Dios?
¿Cómo sentimos y vivimos el hecho de que sea Dios quien toma la iniciativa en nuestras vidas?
¿Cómo vivimos la experiencia de que somos “unos llamados”?
¿Cómo vivimos nuestro seguimiento de Jesús?
¿Sin mirar atrás?
¿Sin nostalgias del pasado?
¿Poniéndole condiciones a nuestra fe?
¿O con la alegría de la fidelidad hasta el final?

Clemente Sobrado cp.

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