Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Los Santos Arcángeles

“Ahí tenéis a un Israelita de verdad, en quien no hay engaño.” Natanael le contesta: “¿De qué me conoces?” Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas bajo la higuera, te vi”. (Jn 1,47-51)

Hoy celebra la Iglesia la fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.
Desde hace una temporada se está actualizando la devoción a los Arcángeles y Ángeles. Ignoro quién ha comenzado a promocionar esta devoción. Pero al menos por aquí se ha puesto de moda. Se han multiplicado estampitas y oraciones.
De niños nos hablaron de nuestro Ángel de la Guarda. Que cada uno teníamos nuestro angelito que nos cuidaba.
Todavía recuerdo una estampita de un niño cruzando un puente llevado de la mano de su Angelito.
Bueno, con lo travieso que era, yo debía tener varios. Y estoy seguro que les tenía que dar buen trabajo.

En la Escritura figuran tres Arcángeles que son como emisarios de Dios:
Miguel como el defensor.
Gabriel que es el encargado del anuncio de la Encarnación.
Rafael que es el encargado de la salud.

Y el Evangelio nos habla los ángeles que subían y bajaban sobre el Hijo del Hombre.
Yo no he visto a mi Ángel de la Guarda, pero todo esto nos habla de que Dios no nos abandona y que Dios camina cerca de nosotros y nos protege y nos acompaña.

Lo lindo del Evangelio de hoy, al menos para mí, es que:
Jesús nos ve antes de que le veamos.
Jesús nos ve antes que los hombres nos inviten.
Jesús nos ve en cualquier lugar.
Incluso debajo de una higuera.
“¿De qué me conoces?”
“Ante de que Felipe te llamara, cuando estabas bajo la higuera, te vi”.

Esto es lo maravilloso de Dios:
Antes de que existiésemos, pensó en nosotros.
Antes de ser, ya existíamos en el pensamiento y el corazón de Dios.
Antes de existir en la tierra, nosotros existíamos en pensamiento de Dios.
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo, por cuanto nos ha elegido en él antes de la creación del mundo… eligiéndonos de antemano…“ (Ef 1,1-5)
Antes de que nosotros podamos ver a Dios, Dios ya nos ha visto.
Antes de que nosotros amemos a Dios, Dios ya nos ha amado.
Antes de que nosotros le llamemos, Él ya nos ha llamado a nosotros.
Antes de que nosotros le contemos nuestras necesidades, Él ya las conoce todas.
Antes de que nosotros le pidamos, Él ya nos lo está dando.

Dios siempre nos lleva la delantera:
Dios siempre lleva la iniciativa.
Dios siempre se nos anticipa.
Antes de que le busquemos, Él ya nos ha encontrado.
Antes de que le veamos, Él ya nos ha visto.
Antes de que nos confesemos, Él ya nos ha perdonado.
Antes de que queramos salvarnos, Él ya nos ha salvado.
Podemos estar bajo la higuera o podemos estar caminando, cocinando, o corriendo.
Incluso podemos estar despistados, pero Él, ya ha puesto sus ojos en nosotros.

Nos ha visto.
Y nos ha conocido primero.
“Ahí tenéis a un Israelita de verdad, en quien no hay engaño”.
Antes que nosotros le abramos la ventana de nuestro corazón, Él ya lo ha visto.
Antes que nosotros le abramos la puerta, Él ya ha entrado dentro de nosotros.
Es inútil queramos escondernos de Dios.
Es inútil queramos esconderle nuestro corazón.
Es inútil queramos ocultarle nuestras bondades o miserias, Él ya las conoce.

Podremos vivir despistados, pero Dios nos ve y nos ama.
Podremos vivir en pecado, pero Dios nos ve y nos ama.
Podremos ser buenos, pero Dios nos ve y nos ama.
Podremos ser indiferentes, pero Dios nos ve y nos ama.
Podremos decir que nos interesa, pero Dios nos ve y nos ama.
Podremos estar en silencio, pero Dios ya nos está llamando.

Como Natanael podemos preguntarle: “¿De qué nos conoce?”
La respuesta será siempre la misma: “Te vi cuando estabas bajo la higuera”.
Te vi antes que me vieses.
Te busqué antes que me buscases.
Te amé antes que me amases.
Te invité antes que me invitases.
Queramos o no:
Dios siempre lleva la iniciativa en nuestras vidas.
Dios será siempre pregunta.
A nosotros solo nos toca ser respuesta.

Clemente Sobrado cp.

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